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Combate a una ocurrencia sobre pobreza ¿Pura vida?

Se ha dicho que los recursos del Gobierno para combatir la pobreza alcanzan para acabar con ella: bastaría con repartir este dinero entre ellos y asunto concluido.

3 de junio de 2015, 4:48 AM

La ocurrencia: Se ha dicho que los recursos que dedica el Gobierno a combatir la pobreza alcanzan para acabar con este flagelo: bastaría con repartir este dinero entre ellos y asunto concluido, sin desperdicio alguno.

No voy a plantear que respeto semejante opinión. Lo contrario, me propongo en esta columna someter esa opinión a algunas pruebas ácidas y de fuego.

Esta afirmación supone que es posible identificar verazmente y de manera estable, uno a uno, los hogares en condición de pobreza: de un lado los pobres, del otro los no pobres, separados por la barrera infranqueable de un método transparente e infalible.

La evidencia muestra lo contrario: la frontera pobre no pobre es muy porosa, los hogares pasan esa barrera de un lado a otro ya porque alguno pierde su trabajo, o llega a ganar menos en una actividad informal, ya porque incurre en algún gasto como un entierro, gastos en salud, etc. O al contrario, un miembro encuentra trabajo, logra mejorar sus ingresos, se libera de algún gasto. Alrededor de la mitad de los que son pobres dejan de serlo de un año a otro, y otro tanto ingresan a la condición de pobreza de un año a otro. El total de hogares en pobreza se mantiene en alrededor de un 20%. Hay, pues, sectores vulnerables.

También supone que es posible generar un sistema de entrega del dinero (sin costos administrativos para la actualización de los hogares en condición de pobreza, ni por la entrega) a cada hogar pobre, con regularidad.

No hay tal sistema que funcione sin costos, esto no es posible. Cualquier forma que se escoja tiene costos, por la intermediación financiera, pero sobretodo por lograr la identificación y actualización de los hogares en condición de pobreza.

Finalmente, supone que la única y más efectiva forma de combate a la pobreza es por medio de programas públicos  específicos direccionados a esta población.

Puede ser que la transferencia de efectivo sea una manera de combatir la pobreza para los que no tienen potencial propio, pero tiene el terrible defecto que mantiene en esa condición a quien la reciba pues no incentiva, ni introduce elementos de desarrollo o superación de los hogares en condición de pobreza.

Así, al no estar el reparto condicionado, sino ser de reparto universal al sector en pobreza, no rompe el círculo vicioso de la pobreza. Los menores en esa condición permanecerán en pobreza y formarán nuevos hogares en pobreza.

Al dedicar todos los recursos a repartir el dinero entre los pobres, estos no tendrían mayor educación pues se habrían eliminado los programas que incentivan la retención en la escuela; no tendrían tampoco acceso a la salud, pues los recursos que le dan acceso a la salud por medio del régimen no contributivo ya se habrían repartido; ni tendrán acceso a vivienda pues todo lo consumiría el reparto de dinero;  ni se formarán sistemas de fomento (financiamiento y asistencia técnica)  a micro y pequeñas empresas para el desarrollo de actividades empresariales.

Cero desarrollo y un asistencialismo fácilmente manipulable hacia el clientelismo y el favoritismo a partidarios.

Toda una ocurrencia, esta de repartir todo, que resulta sin pies ni cabeza.