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La juventud, como algunos piensan, no es sinónimo de inconciencia y falta de sensibilidad.

Éste dúo de ejemplares muchachas, nos demuestran que las energías de su edad es suficiente para trabajar en pro de los perros, de manera desinteresada.

Un pequeño cachorrito, que peligró morir en medio de la adversidad es “Chonito”, mascota que inspiró a Adriana a fundar un centro en pro de la vida de éstos animales.

Ellas, se han dado a la tarea de llevar esperanza a perritos abandonados y no sólo los recuperan físicamente, también se preocupan por levantarlos emocionalmente.

Una de las experiencias más fuertes fue ayudarle a los que debido a la agresión quedaron discapacitados, ese es el caso de “Rufo”, un perrito salchicha.

Esa es sin duda la mayor motivación que tienen para que los paseos, viajes a la playa o salidas con amigos pasen a segundo plano. Para ellas, concientizar a los demás dando el ejemplo es satisfactorio.