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En 1981, los cowboys llegaron a la Casa Blanca. Esto suena quizá a chiste, porque el presidente que asumió en ese entonces, Ronald Reagan, había sido actor de múltiples películas, entre ellas las de vaqueros. Pero en realidad, lo que sucedía es que una nueva visión se apoderaba de las riendas del poder norteamericano.

Se trataba de una línea más dura, que se había propuesto, entre otras cosas, terminar con la guerrilla en América Central.

Dos años antes, en 1979, una insurrección armada había terminado con la larga dictadura de los Somoza y había instaurado en Nicaragua un régimen contrario a los intereses norteamericanos, el régimen sandinista. Casi inmediatamente comienza otra guerra, que presiona a Nicaragua especialmente desde el norte, desde suelo hondureño.

Casi al mismo tiempo, la política costarricense da un giro. En 1982 es electo presidente de la República Luis Alberto Monge Álvarez, que se ve presa entre dos fuegos: el deseo costarricense de paz, por un lado, y la presión norteamericana que pretende abrir un frente sur para atacar Nicaragua desde Costa Rica.

Como resultado de este panorama, el presidente Reagan visitó Costa Rica en el primer año del gobierno de Monge, en diciembre de 1982.

Fue una extraña ocasión en que no hubo reunió con otros mandatarios. El presidente norteamericano y su equipo de trabajo se reunieron con sus contrapartes costarricenses en la Casa Presidencial.

Más tarde hubo un acto solemne en el Teatro nacional, en medio de la seguridad más rigurosa.

En esos meses, la contra actuaba en el país con gran facilidad, y una buena parte de la zona norte costarricense servía para entrenar y pertrechar a los guerrilleros de Edén Pastora. Pero Reagan quería más, pretendía abrir el frente sur, tal y como lo había hecho en el norte, e involucrar al país en la guerra.

Los acontecimientos no resultaron como quería el presidente norteamericano. El 17 de noviembre de 1983, el presidente Luis Alberto Monge proclamó su política de neutralidad perpetua, activa y no armada.