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Eduardo Li, presidente de la Fedefutbol, fue detenido sin violencia, con cortesía y con mucha discreción. 

Así lo relatan los periodistas Michael S. Schmidt y Sam Borden en una crónica que el The New York Times publica este miércoles sobre el arresto del costarricense y de otros cinco altos miembros de la FIFA, en una megaoperación que comenzó la mañana de este miércoles -hora Suiza- en un lujoso hotel con vistas a los Alpes helvéticos.

El rotativo asegura que la detención de Li se realizó al mejor estilo suizo: con diligencia y puntualidad. A las 6 de la mañana una docena de efectivos en ropa casual estaba en el lobby del Baur au Lac, una imponente construcción de 171 años enclavada en el centro de Zúrich.

Los oficiales se presentaron y mostraron sus credenciales y pidieron el número de habitación de algunos huéspedes -"miembros de alto perfil de la FIFA, dice la nota- que estaban allí para atender la reunión anual del organismo rector del balompié mundial.

La persona que estaba en el mostrador -continúa la crónica- tenía la orden de llamar a las respectivas habitaciones. "Señor: Lo llamo para decirle que vamos a necesitar que se acerque a la puerta y la abra para nosotros o tendremos que tirarla de una patada", dijo a uno de los altos cargos de la FIFA que fue detenido.

Uno de ellos era Eduardo Li, quien estaba hospedado en el cuarto piso y cuya habitación estaba cerca de la escalera en forma de espiral.

"Dos oficiales tocaron a su puerta y, una vez el señor Li apareció, los oficiales no lo sujetaron y más bien le permitieron llevar consigo sus pertenencias personales al tiempo que era escoltado al elevador. El maletín que escogió estaba adornado con los logos de la FIFA.

"El señor Li, quien asumiría un puesto en el poderoso comité ejecutivo este fin de semana, caminó tranquilamente y la escena entera tuvo un bajo perfil, tanto que los huéspedes de la habitación de al lado difícilmente se hubieran percatado de lo ocurrido.

"Luego de acompañarlo por las entrañas del hotel, los oficiales lo condujeron fuera del inmueble por una puerta lateral que daba a una calle angosta. Miembros del hotel -que vestían trajes enteros- estaban allí para recibirlo mientras sostenían sábanas blancas en un esfuerzo para obstruir la vista de los peatones curiosos o miembros de la prensa. 

"Él fue introducido a un carro hatchback -no en un carro de la policía- que luego se alejó rápidamente", reza el texto de los periodistas del New York Times, quienes agregaron que una vez llamaban al hotel el responsable del mostrador respondía que no tenían ninguna información y que, por favor, llamaran luego, al sitio donde la noche antes hubo una fastuosa boda.