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Un grupo de jóvenes demuestra que la discapacidad no es excusa cuando de verdad se quiere luchar por sus sueños.

A los 14 años Stephanie sufrió un accidente de tránsito que provocó que su cerebro se inflamara y estuviera muy cerca de la muerte.

Diez años después todavía sufre las secuelas.

Pero lejos de renunciar a sus sueños, esta joven decidió sacudirse de los prejuicios y cumplir su meta de estudiar diseño web.

Stephanie estudia en la Asociación de Emprendimiento Tecnológico Inclusivo.

En esa organización, los jóvenes con discapacidad que estén en condición de pobreza reciben cursos de tecnologías digitales y derechos humanos que les permitan encontrar trabajo.

Cindy es una de las 16 personas que ya se graduaron de los cursos de derechos humanos y diseño web.

Para ella, ni su discapacidad ni tener que viajar desde El Coyol de Alajuela hasta Guadalupe para estudiar, representan un problema.

Estos jóvenes insisten en que las metas se pueden alcanzar si se lo proponen.

Pero las metas de los jóvenes no se terminan con la graduación: ellos sueñan con ser tratados sin discriminación y que todos entiendan que la discapacidad no existe si se lo proponen.