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De la alegría a la realidad. La primera vuelta al calendario ya es historia para la presidencia de Luis Guillermo Solís Rivera.

Se autodefinió como el gobierno del cambio, pero en su primer año expertos y otros actores políticos lo definieron como el gobierno de un complicado arranque.

La primera sesión de Consejo de Gobierno fue el reflejo de ese comienzo de difícil acomodo. Así lo explico el politólogo Claudio Alpízar. Él señala un gobierno sin un horizonte claro.

La impericia en la primera sesión quedo en evidencia. Solís tuvo fallas en la coordinación del acto. De hecho, tuvo errores con los nombres en la juramentación de su gabinete.

Ese inicio recibió reclamos de actores de oposición. La falta de rumbo fue algo que se le achacó a la nueva administración.

Solis pidió paciencia, y reconoció que debía hacer ajustes desde el timón presidencial. “No es lo mismo verla venir que bailar con ella”, parafraseó en junio del 2014 el mandatario haciendo suya la popular expresión.

El lento pasar de la fijación del rumbo tuvo como consecuencia que la carga del respaldo de millón trescientos mil votos se desgastara.

Sobre su primer año en Zapote, el mandatario afirma que él prefiere ver el vaso medio lleno, y asegura que en este corto período ya tiene varios éxitos y acciones dignas de reconocer

Solis perdió el histórico espaldarazo, y así lo mostró la encuesta de la Universidad de Costa Rica en noviembre pasado.

El caudal electoral cayó. Las opiniones positivas bajaron de un 39.2 a un 30.8%. Y las desfavorables hacia Solís crecieron de golpe, de 19.8% a un 34.5%.

“Cada cual juzga según su mejor opinión. Habrá gente que simplemente no quiere apoyar al Gobierno, ni ver las cosas buenas que estamos haciendo”, apuntó el mandatario.

Más allá de los números, Solís caminó entre altibajos en el primer año de gestión.