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Pese a que Costa Rica puede decir que esté en cuartos de final, fue sumamente difícil. La Selección luchó con todas la ganas para lograr el triunfo que ahora es histórico.

Previo al partido, las personas salieron a la calle, buscaron congregarse en restaurantes, bares y en familia.

Pese a la adversidad, la esperanza en el rostro de los ticos era tan inmensa como la belleza de la tierra costarricense.

No importó la angustia, tan sólo que eran once en la cancha y cuatro millones y medio de corazones latiendo con cada pelota disputada.

Con mucho que esperar, los ticos vieron pasar las horas, los minutos, en un viaje entre la alegría y la tensión.

Cada toque del balón fue un suspiro, un susto y un cerrar de ojos. Finalmente, las lágrimas salieron, al mismo tiempo que miles de costarricenses se lanzaron a las calles.

Uno a uno, los seleccionados demostraron por qué están en Brasil, y por qué han quedado inmortalizados en los libros del fútbol mundial.

Mientras tanto, la historia continúa, y una de las partes más importantes de ella se escribe en las calles de Costa Rica, en una celebración sin parangón en la memoria del tico.