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El reconocimiento de cuatro sitios de la zona sur como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO  pone a Costa Rica en un selecto grupo de países.

Primero porque la zona es muestra de un asentamiento pocas veces registrado: el de los cacicazgos. Y segundo porque ofrece un objeto único: las esferas de piedra.

El centro de este reconocimiento es Finca Seis, situada en Palmar Sur, pero incluye también los sitios de las comunidades de Batambal, Grijalba y El Silencio.

En este último se encuentra la esfera más grande conocida, de unos dos metros y medio de diámetro, pero que se halla en muy mal estado de conservación.

No obstante, el sur tiene otras zonas de enorme interés para la arqueología y para las esferas.

Quizá el más llamativo, y no por eso olvidado, es un pueblo que precisamente se llama “Bolas”, y que se encuentra no en la zona baja, sino a unos 1.000 metros de altura, a un lado de la reserva de cabagra, cuyo río del mismo nombre se divisa a lo lejos.

El lugar fue a mediados del siglo pasado centro de extracción de madera, pero también de huaqueo, que condujo a la extracción y desplazamiento de un grupo considerable de esferas.

Dos de ellas se encuentran a ambos lados de la entrada de la escuelita del lugar.

Pero cerca del centro educativo hay un predio vacío que guarda al menos una esfera no removida. Hace 1.200 años, el lugar era un sitio especial.

Bajo el pasto del lugar toda vía se adivinan los montículos de sobre los cuales se edificaron los ranchos principales. Uno de ellos posiblemente no era cónico, sino rectangular.

Mucho de este material ha sido huaqueado y movido de su sitio. Es historia que se pierde para no ser nunca más recuperada.

Pero el sitio tiene una característica particular: los científicos afirman que podría ser el más antiguo de todos, y que existió antes incluso que Finca Seis.

Otra de las cuestiones más interesantes es que ahí se han encontrado esferas de muy diversos tamaños, lo que indica que nuestros antepasados no empezaron haciendo pequeñas para luego ir aumentando el tamaño. La técnica se desarrolló en conjunto, independientemente de las dimensiones.

Pero la pregunta que sigue intrigando es cómo movieron los bloques de piedra o las esferas terminadas hasta mil metros de altura.

La historia posiblemente arranca en la llamada Olla Cero, un río situado en la parte baja de las montañas, cuyas aguas se abren paso por los bloques redondeados de la piedra que sirvió de materia prima para las esferas.

La piedra es conocida como Gabro, y es producto de erupciones volcánicas. Todo el sur está lleno de estos, que se hallan a su vez cubiertos por la tierra de aluvión. Ahí por siglos el río removió la tierra, e hizo aparecer la piedra.

Se necesitó el concurso de mucha gente muy organizada para transportarla, y luego de artesanos muy preparados para prepararla, con instrumentos de piedra, golpe a golpe, con una precisión que llena de asombro.

Y si no, oiga esto: los científicos de la Universidad de Costa Rica determinaron que la esfera de casi dos metros que ellos mantienen en la escuela de Agronomía es casi perfecta. Solo falla, en uno de sus lados, por dos milímetros.