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Finca Seis fue un asentamiento que reunió muchos miles de personas unidas en un tipo de sociedad que no era estatal, donde no había clases sociales pero donde ya comenzaban las diferenciaciones.

Es un ejemplo de lo que los científicos llaman cacicazgos. Estas sociedades de dos cabezas: la primera era el líder religioso o cultural, es decir, el líder del conocimiento. El otro era el líder civil o militar, que era el Cacique propiamente dicho.

Como en muchos otros asentamientos, este pueblo tenía dos construcciones principales, ranchos pajizos sobre un montículo de piedra, uno para cada uno de los poderes.

Enterrados bajo metro y medio de tierra, bajo esos montículos, yacen sus bases de piedra.

Luego, al frente había una gran plaza y los ranchos de otras familias principales. Más allá, hacia lo que hay es Finca Cuatro, estaban el pueblo propiamente dicho, con sus talleres y sus cultivos.

Pero lo más maravilloso de este asentamiento eran sus esferas de piedra, esculturas casi perfectas y únicas en el mundo.

En Finca Seis se han encontrado cinco esferas ubicadas en su sitio original, y alineadas, al parecer, con el sol que sale en línea alrededor del 12 de abril. Ese día y otro más de agosto, las tres esferas humanas y la esfera del cielo, forman una sola línea y los científicos afirman que no es casualidad. Quizá ese alineamiento anunciaba el tiempo de siembre.

Están enterradas casi en su totalidad, y la razón es que hace mil años, cuando ellas fueron talladas y el pueblo fue edificado, el suelo estaba un metro y medio más abajo, a solo ocho metros y medio por encima del nivel del mar.

En el valle del Diquís, en primer plano se puede ver el río Térraba y Palmar Norte, fuente de vida de este delta. Al fondo está el río Sierpe. Más allá, el mar y la isla de Violines.

Hoy está habitada por una gran cantidad de personas. ¿Cuántas? No sabemos con exactitud, pero eran todo menos una población pequeña. Finca Seis es hoy un sitio del Museo Nacional y ahora Patrimonio Mundial.