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La selección de Irán no fue sutil en su planteamiento. No trató de engañar a Argentina mostrando una mano y jugando con la otra. Irán llegó, agrupó a su equipo detrás de la media cancha y ahogó a la Albiceleste.

Cuando Irán se aprestaba a celebrar el empate, Messi apareció y fue Messi. Con un certero remate desde afuera del área, el del Barcelona rescató a sus compañeros que naufragaban.

Irán, hasta ese momento estaba jugando el partido de su vida, un segundo tiempo que incomodó a los de Sabella y que los pudo dejar adelante en el marcador.

Fue el arquero sudamericano, Sergio Romero el que en tres ocasiones acalló las gargantas iraníes.

El segundo tiempo, hasta el último minuto fue de Irán, que al contragolpe hería a una albiceleste que buscaba y no encontraba.

La falta de definición y profundidad argentina fue el lunar que opacó a la dos veces campeona del mundo, desde el pitazo inicial.

En la primera parte y hasta la genialidad individual de Messi, los grandes nombres –Di María, Higuaín, Lavezzi, Agüero y Gago– se estrellaban ante una muralla de 11 en 35 metros.

La segunda parte vio a los de Queiroz revelarse y salir del encierro, pero sus contragolpes estuvieron ayunos de definición. Y esa es la diferencia entre Irán y Argentina.

Messi es un sobrenatural y su genialidad salvó a los de Sabella.

“Gracias a Dios el enano frotó la lámpara”, dijo Romero. No se ocupa saber más del encuentro.

Acá los datos del encuentro.