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En el fútbol los goles hablan más que las acciones y los dos tantos de Estados Unidos fueron suficientes para dejar tendido en el terreno a Ghana, que pecó al no rematar a un equipo que dominó.

El 2-1 a favor de los norteamericanos deja tres puntos a los americanos, la manos vacías y un sentimiento de injusticia para las Estrellas Negras, que la tuvieron cuesta arriba desde el pitazo inicial.

Al partido lo marcó el gol tempranero de los Estados Unidos.

Fue una bella jugada de pie a pie, que terminó con clase Clint Dempsey. El atacante se acomodó con un taquito y luego pasó la floja marca de Boye, para rematar y poner el 1-0 en el marcador.

Pero los 30 segundos que duraron los norteamericanos en llenar de gol sus gargantas no eran termómetro del cotejo.

Ghana se asentó sobre la gramilla del Estadio das DunasNatal y con velocidad complicó a los estadounidenses.

Esta era la tercera vez que los combinados se medían en una Copa del Mundo y esto se veía. Los estadounidenses amagaban, los africanos buscaban espacios. Las defensas cedían y reculaban, pero no se quebraban.

El reloj marcaba su paseo y el nivel de juego era agradable, las acciones carecían de peligro, pero estaban llenas de intención.

A los 45 minutos los actores se iban al descanso, y el gol de Dempsey se desvanecía en el recuerdo.

La segunda parte se volcó en favor a los de las Estrellas Negras.

Una imagen de la transmisión era suficiente para entender lo que sucedía. Klinsmann veía con nerviosismo lo que transpiraba en el césped, acuclillado en la línea del corralito para técnicos.

Adentro del rectángulo los africanos manejaban el balón, manejaban el ritmo, manejaban las acciones, pero no manejaban el marcador.

Ghana se mostraba superior hasta llegar a la altura del área de los de Concacaf, allí morían las buenas intenciones.

Estados Unidos había plantado un bosque de piernas que nublaban los embates ghaneses.

Pero la tozudez de las Estrellas Negras tuvo su merecido premio, tras 81 minutos de juego.

Velocidad, destreza y precisión tomaron forma con un pase a profundidad, que Asamoah Gyan devolvió al centro de taco, allí apareció Andre Ayew para fusilar a tres dedos a Tim Howard, que había sido muralla durante todo el juego.

Pero los astros parecían hacerle un guiño a la barras y las estrellas, porque la felicidad africana se evaporó al 86’. John Brooks llegó sin marca al punto penal y de cabeza y picado, tal y como dice el manual del goleador, puso el 2-1.

Al final el sudor de Ghana se quedó corto, ante un Estados Unidos que supo golpear en el momento clave.