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San Diego State, alma mater de Kawhi Leonard, no es una fábrica de estrellas de la NBA. Tras de eso el alero solo promedió 14.1 puntos por partido.

Conforme se acercaba el Draft del 2011, los Spurs se preparaban para enviar a Cleveland a George Hill, uno de los jugadores favoritos del entrenador Gregg Popovich.

Una vez que llegó a San Antonio, antes del parón laboral que le robó varios juegos al calendario, Leonard recibió una clínica intensiva de tiro de parte de Chip Engelland, gurú en la materia de los Spurs.

En su primer año como profesional, Leonard solo anotó 7.9 puntos por noche y su promedio de efectividad –contabilizando tiros de 2 y tres y libres- fue de 57.3%.

Pero su humilde proyección ofensiva contrastaba con lo que se veía en el lado defensivo. El joven era capaz de lidiar con los mejores perimetrales de la NBA, del universo.

Manos largas, fortaleza y pies de bailarín le permitían contener a nombres como Kevin Durant, Carmelo Anthony y en especial LeBron James.

Su segundo año el promedio ponderado de tiro mejoró a 59.2% y sus anotaciones quebraron la barrera de los dos dígitos por juego, 11.9.

En la final pasada, en la que el Heat derrotó a los Spurs, Leonard dejó una gran impresión al competir contra James.

Un año después fue Leonard el que secuestró la última serie de la temporada, opacando un James que se mostró como el mejor del universo, pero sin escuderos que le permitirían alzar su tercer trofeo en cuatro años.

Fue en la final de este año que Leonard se convirtió en el jugador capaz de compartir titulares con Tim Duncan, Manu Ginóbili y Tony Parker.

Durante la temporada regular Kawhi aportó 12.8 puntos. En los tres juegos seguidos en que los Spurs destruyeron al Heat, Leonard anotó 29, 20 y 22 puntos. 14 y 10 rebotes en los últimos dos cotejos.

Para el play-off tuvo un acierto ponderado del 60.6%.

Su crecimiento ofensivo fue pedido a gritos por Popovich, escuchado por Leonard, respetado por el Heat y festejado por sus compañeros.

Al recibir el premio al Jugador Más Valioso de la final, Leonard sonrió y dijo poco –fiel a su estilo–.

Atrás quedaban las dudas y murmuros de cuando Popovich y el gerente R. C. Buford confiaron el futuro de la franquicia en el poco conocido joven de San Diego State.