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Maro Ureña Porras, el orgullo de Palmichal de Acosta, fue la apuesta más arriesgada de Jorge Luis Pinto para el Mundial, una que le resultó a la perfección cuando este sábado 14 de juni,o con pocos minutos de estar en el terreno de juego decretó el 3-1 sobre Uruguay y regalaba tranquilidad a Costa Rica.

Las lágrimas en su rostro recordaron sus goles en Egipto 2009 cuando con la selección Sub 20 de nuestro país surgía como figura, como punta de lanza de un equipo que hizo historia. En ambas oportunidades su llanto era de felicidad, aunque en Brasil 2014 lleva un poco de revancha , y desahogo.

Ureña, que confesó tras el partido ante Uruguay que ha llegado a sentirse “secuestrado” por el Kuban Krasnodar de Rusia llegó al Mundial con solo 275 minutos de juego en la última temporada, 120 de los cuales fueron en un juego que se fue a tiempos extra.

Su último gol en un partido oficial lo había anotado en el año 2011 pero eso no importó para que Jorge Luis Pinto y Paulo Cesar Wanchope (fue el que más insistió) confiaran en él y lo llevaran a la Copa del Mundo.

Tres años tenía de no anotar, mismos que tiene en el fútbol de Rusia con un equipo que lo compró y no lo pone a jugar, que cada final de temporada le promete más minutos y a la hora de la verdad lo envían a la grada o el banco.

Ureña tenía tres años congelándose, sus goles estaban guardados en la nevera, hasta que el calor de Brasil derritió la capa de hielo y permitió explotar en éxtasis con el grito de gol que salió de su garganta.

Porque esa anotación a él le sabía a revancha, misma sensación que nos embargaba a todos los ticos al ejecutar la venganza perfecta ante Uruguay.  

Marco nos recordaba a todos que el “buen gallo en cualquier gallinero canta”.