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El domingo por la noche Lebron James tomó por la fuerza la final de la NBA y con 35 puntos llevó al Miami Heat a empatar la serie a un juego. Fue una actuación digna del mejor jugador del universo, dominante y arrolladora.

El martes, la mesa estaba servida para que Miami tomara control de la serie, pero un primer tiempo histórico de parte de los San Antonio Spurs literalmente hizo sacado al público de Miami de su casa.

En los primeros 24 minutos San Antonio tuvo una efectividad del 75.8% desde el campo. Número digno de un videojuego, casi imposible en la vida real.

Al final del choque el marcador era 111-92.

Dos días después el marcador del cuarto juego fue de 107-86. Spurs dominando la serie 3-1, foja que nunca he sido revertida por un quinteto en el play-off de la NBA.

¿Qué pasó durante estas destrucciones del Heat?

A simple vista salta la cantidad de puntos anotados y los recibidos por una defensa que ha logrado mantener a raya al triunvirato de James, Dwyane Wade y Chris Bosh.

Pero una revisión de las estadísticas hace imposible obviar la cantidad de asistencias conseguidas por los Spurs. Fueron 21 en el juego 3, 25 en el cuarto.

La habilidad de mover el balón por el perímetro ha permitido a los de Gregg Popovich desbalancear una defensa que ha causado caos en las ofensivas contrarias con dobleteos y presión en el pick and roll.

San Antonio ha tenido la tranquilidad y la mano segura para hacer los pases necesarios que permiten encontrar los tiradores libres.

La calidad en el movimiento ha sido tal que Tony Parker, extraordinario distribuidor francés, no lideró al equipo en asistencias este jueves.

Boris Diaw, un poste, encontró en 9 ocasiones a un jugador en posición anotadora.

Para que Miami logre recortar la ventaja de los Spurs deben encontrar la manera de destruir el circuito de pase de San Antonio.

Tras cuatro partidos esto parece un sueño de opio.

El quinto juego será de vuelta en casa de los Spurs, el próximo domingo a las 6:00 p. m.