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Vecinos de la zona sur piden una moratoria en la construcción de centrales hidroeléctricas. La medida ha sido aprobada de manera oficial por las municipalidades de Buenos Aires y Coto Brus.

Daños a la flora y la fauna y agotamiento de las fuentes de consumo humano son dos de los argumentos. Pero hay uno más: según afirman, el país no requiere más plantas de este tipo.

La demanda máxima de los costarricenses es de 1.604 megavatios. Ese fue el pico registrado el 23 de mayo de este año.

Pero el país tiene 2.730 mega watts instalados, casi el doble.

Esos 1.100 megavatios excedentes son de reserva, es decir, se utilizan solo en caso de un faltante grave.

El ICE basa sus planes estratégicos suponiendo un crecimiento de la demanda eléctrica, que venía aumentando entre un 4,5 y un 5 por ciento, pero a partir del 2008 se colocó en un 1,5% y allí se ha mantenido. El año pasado creció solo un uno por ciento.

El Gobierno afirma sin embargo que con ese crecimiento de la demanda es imposible asegurar más empleo, y que el país requiere mucho más energía para sus planes de desarrollo. Sí dijo que el ahorro es positivo y necesario.

Desde el siglo XIX, el país apostó por la energía hidroeléctrica. En 1884 entró en funcionamiento la planta Aranjuez, situada en pleno San José, obra de Luis Batres y Manuel Víctor Dengo. Pero ahora parece que las posibilidades de abrir nuevas sin comprometer el ambiente ha llegado a su fin.

¿Existen otras alternativas que utilicen fuentes renovables?

Un ejemplo es la tienda Llobet en Alajuela. La compañía Costa Rica Solar Solutions está instalando sobre el techo 220 paneles solares, que le producirán a la empresa 75 kilovatios hora.

La misma medida podría utilizarse en los techos de muchas empresas de todas nuestras ciudades. Pero la actitud del país sigue siendo muy conservadora.

De los 2.730 megavatios instalados del país, solo uno es producido por energía solar.

Con la eólica también ocurre lo mismo. De los contratos privados aprobados por el ICE, solo el 14% de la potencia es de origen eólico.

Pero son muchas las voces que piden un cambio.