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Pese a que existe legislación, el país no realiza un estudio global del daño que pueden producir las plantas hidroeléctricas ahora y en el futuro.

La Esperanza es una hidroeléctrica que Coopelesca acaba de comprar. El embalse muestra uno de los efectos más nocivos: la sedimentación.

Se trata de muchas toneladas de barro acumulado por años que la empresa ha venido lanzando al río. Por ejemplo, en el video se puede ver una limpieza del embalse de hace algunos años. Todo este material fue echado de nuevo al río.

Pero hoy, de nuevo, la laguna está llena de sedimento. Ese lodo lo trae el río y viene con la correntada. Pero en el embalse pasa años en reposo y por supuesto en descomposición.

Hoy día, Coopelesca recurre a un método menos dañino: vierten los lodos poco a poco. Pero aun así, la muestra de la contaminación es evidente. Lo muestra la diferencia de color del agua.

Los proyectos hidroeléctricos, en términos generales, no violan las leyes ni burlan a las instituciones. Lo que ahora parece ponerse en tela de juicio es si esas instituciones, sobre todo SETENA, y esas leyes, son realmente justas con el ambiente.

En primer lugar, porque los estudios son muy circunscritos, y no miran el efecto más global sobre el ambiente, como parece ser este caso de las sedimentaciones.

Las quejas en torno a la actuación de SETENA se repiten en el sur.

Organizaciones científicas pusieron cámaras trampas para fotografiar a los animales por la noche y ya arrojan resultados.

Los ambientalistas afirman que la zona norte está saturada, aunque el ICE tiene aprobados o seleccionados cinco proyectos más.

Ahora los desarrolladores ponen miras en otras cuencas, en particular la Caribe y la del sur.

Durante años, el Pacuare ha estado en el centro de la polémica. El proyecto para construir una hidroeléctrica en este río fue rechazado en un plebiscito popular en el 2005. Pero en febrero del 2008 el gobierno del presidente Óscar Arias volvió a incluirlo en sus planes.

Los expertos consideran que el país debería adoptar una norma de no afectar más todos los ríos de una misma cuenca, y que después del proyecto del Reventazón el Pacuare no debería tocarse.

Algunos de los videos fueron tomados por cámaras trampa hace unos meses y se dieron a conocer en reportajes de Telenoticias. La biodiversidad de este río asombra a nacionales y extranjeros, que visitan la zona con fines científicos. De hecho, la Universidad Nacional comenzó hace poco un proyecto de cuido de los felinos.

Pero es también una zona de enorme atractivo turístico, especialmente por su deporte de aventura.

No obstante, el asunto va aún más lejos, porque los planes hidroeléctricos tienen la mira puesta en otro río: el Savegre, el más limpio de Centroamérica.

En este río, los desarrolladores proyectan tres hidroeléctricas del ICE, dos de Coopesantos y otras dos privadas. Dado su corto trayecto de apenas 40 kilómetros desde la montaña al mar, destruiría su ecosistema.

Pacuare y Savegre están hermanados porque nacen en el Cerro de la Muerte de 15 kilómetros uno de otro. De hecho, ambos constituyen un solo ecosistema que por sus características es único en el mundo, pues une al Caribe con el Pacífico.

Eso se vería destruido si el país sigue explotando estos ríos para obtener energía.