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Andrés Martínez
 
 
 
Unos 400 piñeros denuncian que una fundación creada para beneficio de los pequeños agricultores hace 13 años, hoy los tiene en la ruina. Decenas de ellos están perdiendo sus fincas y otros cargan con una deuda millonaria en bancos, incluso, con la misma fundación.
 
 
Una deuda que tenía el gobierno costarricense al final de la década de los 80´s con Holanda tuvo un giro, que pretendía ser la salvación de los cantones más pobres del país, en ese momento: Upala y Guatuso.
 
 
Holanda dejó que Costa Rica no le pagara lo que le debía, a cambio de invertir el dinero en ayuda a los pequeños agricultores, en ese momento la deuda rondaba el millón de dólares.
 
 
Eso dio pie a la creación de la Fundación Proagroin, que mediante un fideicomiso con el Banco Interfin, giraría los recursos. Dentro de esta organización existe además participación del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), así como de la municipalidad de Guatuso.
 
 
Primero fue la naranja, pero no prosperó, así que a inicios del 2000 empezaron a gestarse los primeros proyectos para sembrar piña orgánica y convencional. Decenas de agricultores de la zona escucharon del proyecto, se acercaron para pedir los créditos y empezar a trabajar.
 
 
Pero para la mayoría, poco a poco el sueño se convirtió en pesadilla, 13 años después aseguran estar en la ruina.
 
 
Enid Alvarado es uno de esos casi 400 casos de agricultores al borde del abismo. Ella es de Pital de San Carlos, comenzó sembrando en un terreno de 6 hectáreas que fue heredado de su papá. Después de adquirir el préstamo con Proagroin y lograr cosechar piña, nunca le pagaron más de 7 millones de colones que le correspondían por la siembra de la fruta.
 
 
Como la Fundación no le pagó la fruta, no tuvo recursos para pagar la deuda que había adquirido. La única solución que le dio la misma Organización fue trasladarle la deuda al Banco Popular, según Alvarado, Proagroin se desentendió de la situación y le dio la espalda. Esto la obligó a vender propiedades para pegar la nueva deuda con el banco.
 
 
Hoy, sigue sembrando, pero en un terreno de media hectárea que le prestan. La deuda la intenta sacar con el banco, y nunca recibió el dinero por el pago de la fruta. Su vínculo con Proagroin abruptamente se terminó hace ya cinco años.
 
 
Para Jesús Barahona, también de Pital, podría ser cuestión de días que se quedé sin la finca de más de 4 hectáreas donde siembra piña y tiene hasta su casa. Parte de las ayudas que debería dar Proagroin es cooperación técnica para que los agricultores cosechen fruta con los niveles adecuados para exportar.
 
 
Según Barahona, quien todavía está vinculado a Proagroin, esto no es del todo cierto, pues no recibe de forma rápida equipo o maquinaria para trabajar su tierra, aunque es parte del compromiso con la fundación. Y como la cosecha se perdió, la ayuda técnica que nunca le llegó es la deuda millonaria que tiene con Proagroin.
 
 
Otros agricultores sí han logrado llevar su piña hasta las instalaciones de Proagroin para que se las reciban. Aunque prácticamente deben rogar, según relata Guido Mora, pues asegura, que los encargados de la organización alegan que no cumplen con la calidad necesaria. Aun así, la reciben, pero el pago no llega.
 
 
Esta situación por la que pasan estos agricultores de Pital en San Carlos, se repite también en la zona de Guatuso, donde las fincas fueron rematadas y hasta adjudicadas a una persona que ya falleció, y que era el representante de la fundación Proagroin en Costa Rica, Eso lo vemos en la segunda entrega.
 
 
Andrés Martínez

 

Unos 400 piñeros denuncian que una fundación creada para beneficio de los pequeños agricultores hace 13 años, hoy los tiene en la ruina. Decenas de ellos están perdiendo sus fincas y otros cargan con una deuda millonaria en bancos, incluso, con la misma fundación.


Una deuda que tenía el gobierno costarricense al final de la década de los 80´s con Holanda tuvo un giro, que pretendía ser la salvación de los cantones más pobres del país, en ese momento: Upala y Guatuso.

Holanda dejó que Costa Rica no le pagara lo que le debía, a cambio de invertir el dinero en ayuda a los pequeños agricultores, en ese momento la deuda rondaba el millón de dólares.

Eso dio pie a la creación de la Fundación Proagroin, que mediante un fideicomiso con el Banco Interfin, giraría los recursos. Dentro de esta organización existe además participación del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), así como de la municipalidad de Guatuso.

Primero fue la naranja, pero no prosperó, así que a inicios del 2000 empezaron a gestarse los primeros proyectos para sembrar piña orgánica y convencional. Decenas de agricultores de la zona escucharon del proyecto, se acercaron para pedir los créditos y empezar a trabajar.

Pero para la mayoría, poco a poco el sueño se convirtió en pesadilla, 13 años después aseguran estar en la ruina.

Enid Alvarado es uno de esos casi 400 casos de agricultores al borde del abismo. Ella es de Pital de San Carlos, comenzó sembrando en un terreno de 6 hectáreas que fue heredado de su papá. Después de adquirir el préstamo con Proagroin y lograr cosechar piña, nunca le pagaron más de 7 millones de colones que le correspondían por la siembra de la fruta.

Como la Fundación no le pagó la fruta, no tuvo recursos para pagar la deuda que había adquirido. La única solución que le dio la misma Organización fue trasladarle la deuda al Banco Popular, según Alvarado, Proagroin se desentendió de la situación y le dio la espalda. Esto la obligó a vender propiedades para pegar la nueva deuda con el banco.

Hoy, sigue sembrando, pero en un terreno de media hectárea que le prestan. La deuda la intenta sacar con el banco, y nunca recibió el dinero por el pago de la fruta. Su vínculo con Proagroin abruptamente se terminó hace ya cinco años.

Para Jesús Barahona, también de Pital, podría ser cuestión de días que se quedé sin la finca de más de 4 hectáreas donde siembra piña y tiene hasta su casa. Parte de las ayudas que debería dar Proagroin es cooperación técnica para que los agricultores cosechen fruta con los niveles adecuados para exportar.

Según Barahona, quien todavía está vinculado a Proagroin, esto no es del todo cierto, pues no recibe de forma rápida equipo o maquinaria para trabajar su tierra, aunque es parte del compromiso con la fundación. Y como la cosecha se perdió, la ayuda técnica que nunca le llegó es la deuda millonaria que tiene con Proagroin.


Otros agricultores sí han logrado llevar su piña hasta las instalaciones de Proagroin para que se las reciban. Aunque prácticamente deben rogar, según relata Guido Mora, pues asegura, que los encargados de la organización alegan que no cumplen con la calidad necesaria. Aun así, la reciben, pero el pago no llega.

Esta situación por la que pasan estos agricultores de Pital en San Carlos, se repite también en la zona de Guatuso, donde las fincas fueron rematadas y hasta adjudicadas a una persona que ya falleció, y que era el representante de la fundación Proagroin en Costa Rica, Eso lo vemos en la segunda entrega.