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Muchos de estos atletas vienen de lugares en riesgo social, en donde las drogas y la delincuencia están al acecho.

Este es el caso de un jugador de voleibol de Matina, a quien estos flagelos sociales lo enredaron, pero el deporte, lo puso de nuevo en el camino correcto.

Esos pasos que ahora lucen firme se estaban perdiendo en la oscuridad, alejándose de las canchas de los sueños.

Después de que su entrenador lo llegara a buscar para que integrara el equipo de voleibol de Matina, Roberto dio sus primeros pasos en el deporte, incluso participó en juegos nacionales del año 2010, pero de un pronto a otro, sus pasos perdieron el rumbo.

“Deje el estudio, tuve un problema en mi casa de bajos recursos y comencé a caminar en las calles”, explicó Roberto.

El joven dejo sus entrenamientos pero su entrenador nunca lo abandonó. Juan Carlos Navarro, su entrenador, se comprometió con él y con el apoyo para integrarlo.

Según Juan Carlos, “en el camino que él iba tenía dos opciones, una la cárcel y la otra el cementerio. Y creo, que gracias Dios, él entendió”.

Roberto asegura que el cambio por su mamá, “ella está muy enferma y el deporte es bonito, me despeja la mente. Le quiero mandar un respeto muy grande a mi entrenado y al comité”, concluyó el deportista.

Ya pasaron casi dos años desde que Roberto tomó la decisión de volver a las canchas. Ahora, hay metas, hay esperanza y muchos sueños por cumplir.

Según su entrenador, él le ha planteado a Roberto sacar el bachillerato por madurez. “Él es un trabajador bananero, él vela por la familia y ese trabajo no es muy bonito, es duro”, es por esa razón que Juan Carlos le solicitó terminar sus estudios.

La fuerza de voluntad y el trabajo, hacen posible cualquier cosa.

Roberto  “Quiero mandarle un mensaje a todos los jóvenes de Costa Rica, y es que dejen las calles, eso no deja nada. El pasado fue duro y estar aquí, es grande, si se puede solo es querer”, dijo Roberto.