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Las buenas acciones son desinteresadas y nacen en lo profundo de los corazones más nobles.

La historia de hoy es un buen ejemplo de ello. Con 35 años, Xinia Cubillo lo perdió todo por la adicción al alcohol.

Un día se plantó con fuerza y dijo: ya no más. Superó todos los obstáculos que la vida le puso, y abrió su propia empresa.

Hoy ayuda a mujeres sin trabajo y al mismo tiempo le tiende una mano al medio ambiente.