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En menos de 24 horas de haber escuchado el discurso de Johnny Araya, sobre su decisión de apartarse de la campaña electoral, analistas segregan algunas de las principales ideas del escrito.

He vuelto a recorrer los caminos de la patria. He percibido el sentimiento de los costarricenses, he oído sus razones, he prestado atención a sus juicios. He consultado sondeos que miden las corrientes profundas de la opinión pública. Y he comprobado la existencia de una voluntad inclinada más y más por el relevo del partido en la gestión del Gobierno.

Para el analista Claudio Alpízar, “los argumentos dados por Araya para retirarse no son válidos”. Según Alpízar, por “esas mismas razones Luis Guillermo Solís y Rodolfo Piza pudieron haber renunciado en la primera ronda”.

Por ello, con firmeza de ánimo, hago saber mi decisión de concluir hoy esta campaña por la Presidencia de la República. Más allá de mi aspiración está Costa Rica. La prudencia aconseja no gastar millones de colones en propaganda, reuniones y movilizaciones. Acatamos las normas constitucionales aplicables pero me abstendré de cualquier actividad electoral.

El doctor en Filosofía, investigador y profesor de la Universidad de Costa Rica, Pablo Hernández Hernández, hace énfasis en que Johnny Araya “no renunció”.

Hernández considera que “se trata, intencionalmente o no, de un acto de desmovilización electoral. En otras palabras, un llamado a no participar de las elecciones. Lo cual atenta contra todos los principios constitucionales y electorales del sistema costarricense”.

Nuestro partido, los diputados electos y este servidor comunicamos la disposición a participar institucionalmente en la construcción de un Acuerdo Nacional por la Producción, la Equidad y la Gobernabilidad. Sin más consideración que el bien superior de Costa Rica, estamos decididos a apoyar proyectos de ley incluidos en un Acuerdo Nacional.

El politólogo Claudio Alpízar señaló que “no es cierto que Araya lo hace para ayudarle a Solís para un gobierno de conciliación, pues le ha quitado a este y al PAC la oportunidad de tener un triunfo de la resonancia que se avecinaba”.

Pablo Hernández, doctor en Filosofía, cree que “es un acto de violencia política el intentar hacer algo que no se puede ni debe hacer. De hecho lo hicieron: quitarle toda relevancia a la segunda ronda y sus sustentos legales y políticos. Se califica como acto ilegal y criminal”. “Es un llamado a no respetar la constitución y sus deberes”, agregó.

Desde la infancia y la juventud me incliné por el servicio público, inspirado en el ejemplo de mis mayores. Con ese espíritu de patriotismo, acepté el desafío de empuñar el estandarte verde, blanco y verde. Reafirmo mi vocación de servicio público y mi propósito de continuar en la acción política. La satisfacción del deber cumplido recompensa mi gestión pública de dos décadas que marcan huella.

“Araya no es un “héroe” NI del PLN NI del país, todo lo contrario, es un muy mal ejemplo de lucha sin fin por objetivos en los que se cree”, enfatizó el politólogo Claudio Alpízar.

El experto califica la acción como; “Eutanasia Política, sabiéndose muerto en las elecciones e incurable después de haberse sentido Presidente por un año, decidió renunciar para evitarse mayores sufrimientos físicos y psicológicos”.

“No les digo adiós sino hasta luego…”

El investigador y profesor de la UCR, indicó “hay que ir a votar, cómo sea. No hay que olvidar nunca este hecho”.