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Las historias de amor por el deporte, de superación y de esfuerzo aquí se encuentran literalmente mientras uno está almorzando.

Ayer estaba yo almorzando en una marisquería en Tilarán, y el mesero que me atendió, un joven de 17 años, resultó ser un ciclista de montaña que compite hoy, y con una linda historia que contar.

Hace 2 años el camino de Ian se comenzaba a torcer, había dejado el colegio, estaba a punto de convertirse en un nini… ni estudia ni trabaja.

Cuando la vuelta a Guanacaste llegó a Tilarán, fue a ayudar, y conoció a un ciclista de la zona, que había destacado en el deporte. Desde ese momento, de la mano del deporte, de su nuevo entrenador y de la familia de este, enderezó el camino y su padre le ofreció trabajo en su marisquería.

Los cambios siguieron, montado en la bici encontró la motivación para seguir superándose en todos los aspectos, y volvió al colegio por la noche, en el programa de nuevas oportunidades.

En poco tiempo la vida le enseñó el poder del esfuerzo, de la disciplina. Con poco tiempo de entrenar, logró clasificarse para sus primeros juegos nacionales, en los que competirá hoy, con el equipo de Tilarán.

La vida es de oportunidades, sólo hay que saber tomarlas y en este caso, Ian encontró el boleto para una nueva vida en el deporte y en esos ángeles guardianes que tanto le han ayudado, con disciplina camina ahora hacia el éxito.