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Biriteca y Garabito nacieron el 22 de diciembre anterior en el refugio de vida silvestre La Paz, en Vara Blanca.

Desde ese día, se convirtieron en los consentidos del lugar, y no es para menos, pues no existen registros de otros nacimientos de pumas en cautiverio en el país.

Su madre, Mei, fue rescatada cuando trataban de venderla en una carretera en Río Frío, y su padre ha pasado toda la vida en cautiverio y en el 2011 fue capturado en un colegio en Orotina.

Estos cachorros tienen apenas dos meses de haber nacido y ya están aprendiendo a comer pollo y dan sus primeros pasos robando comida.

Ahora pesan menos de dos kilos y su ternura los hace parecer inofensivos. Pero en menos de dos años alcanzarán un peso de 60 kilos, medirán dos metros y comerán hasta tres kilos de carne o pollo al día.

Aunque están en cautiverio, en el refugio intentan que todo sea lo más natural posible. Así que Mei se encarga de comer sus heces y excrementos y de mantenerlos limpios.

Y además tienen prohibidas las visitas. Desde que llegaron al mundo, solo el veterinario, la bióloga y el encargado de la alimentación han tenido contacto con ellos.

A pesar de las buenas intenciones, lo más probable es que Biriteca y Garabito pasen el resto de su vida en cautiverio, ya que las probabilidades de que sobrevivan solos son muy reducidas.

Sus instintos los llevarían a acercarse a los seres humanos para buscar comida.

En un mes, los cachorros serán trasladados a otro recinto, donde estarán con su madre y tendrán calefacción, porque las temperaturas en la madrugada alcanzan los 9 grados.

Y si usted quiere conocerlos en persona, deberá esperar hasta finales de marzo.