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Para estar ahí, dando clases a los indígenas Cabécar de Alto Chirripó, se levantaron el lunes a eso de las 2:00 a.m.

La mayoría vive en Turrialba, por lo que toman un bus que contratan, que los deja en alto quetzal.

De ahí caminan alrededor de 2 horas, montaña adentro para llegar a las 6:30 a.m. a la escuelita de Ñari Ñak.

Douglas, el director de la escuela, llegó a la zona hace 10 años.

De lunes a viernes, todos los maestros viven en una casita al lado de la escuela… ahí se organizan y comparten como una familia.

Cada uno deja una historia atrás, para comenzar a vivir una aventura enriquecedora en el corazón de la montaña.

Por ejemplo Xinia tiene 7 años de trabajar en Ñari Ñak. Ni siquiera el nacimiento de su hijo, hace 3 años, hizo que pensará en cambiar de trabajo.

Este año la aventura comienza para más profesores… ya que inauguran el colegio, ahí mismo en Nari Ñak.

Víctor es uno de estos novatos que  con ilusión apenas inician a cosechar experiencias en la reserva Cabécar.

El camino es duro, el aislamiento a veces también  pero cada sacrificio vale la pena al ver esa luz en el rostro de estos niños que entre las limitaciones de la montaña están deseosos de aprender… al fin de la semana, los maestros y profesores emprende su viaje de regreso a Turrialba con la maleta cargada de vivencias que cambian la vida.

El viernes esta pequeña familia se alista para caminar 2 horas, y compartir con sus padres, hijos y hermanos por el fin de semana, y regresar el lunes, bien tempranito, al mágico alto Chirripó.