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Cuando un niño está en una piscina, y se lanza para jugar en el agua, pero no logra tocar el piso con sus pies, se asusta.

La forma en que reaccionen los padres en encargados puede hacer que sea un susto pasajero, o por el contrario sea una situación traumante para el niño.

El agua tiene una magia especial que hipnotiza a la mayoría de niños y con la supervisión adecuada es muy bueno para su desarrollo disfrutar y nadar.

No eche a perder esa diversión por un susto menor si el niño se asusta porque no llega, haga todo lo posible por mantener la calma y no asustarlo más con ataques de histeria.

Si, así como lo oye,  no lo saque de la piscina, tranquilícelo ahí adentro, vuelva a jugar con él.

Bájele la intensidad al susto… Si el accidente va más allá de un simple susto, la forma de actuar es otra, aunque siempre manteniendo la calma.

Si el adulto no llega al fondo, se debe tomar al niño boca arriba, sujetándolo por el cuello y el pecho.

La mala experiencia queda en la piscina. Reaccionando adecuadamente se evitará que haya traumas.