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Una tradición que se remonta a la época precolombina, que se había perdido producto de las enfermedades de sus plantas, ahora renace de manos de los pequeños productores.

Esta es una plantación de cacao orgánica, es decir, cultiva sin agroquímicos tanto el cacao en su variedad criolla, como en la nueva, producida por los científicos para resistir los ataques de hongos.

Es además, una empresa familiar. La actividad tradicional consistía en quebrar el fruto, fermentar la semilla y luego secarla con al sol en un cobertizo para venderla en grano.

Pero ahora, funcionarios del Ministerio de Agricultura (MAG) y de las universidades han traído un valor agregado, que consiste en una industrialización posterior.

La semilla una vez seca es tostada al fuego. Luego es molida para obtener el así llamado licor de cacao, que no es otra cosa que la masa del producto, hasta terminar con chocolate mezclado con azúcar y grano o puro para la preparación de bebidas.

Ahora surge una nueva forma de darle al producto valor agregado, y que arranca unos pasos atrás, con la quiebra del fruto y la obtención de las semillas.

Estas son llevadas sin fermentar a una planta de procesamiento propiedad de la Compañía Industrial Orgánica del Norte.

El resultado es algo que se llama Raw Cocoa, o cacao crudo, una forma particular de consumir las semillas y que está adquiriendo mercado en las tiendas macrobióticas.

La empresa hace lo mismo con otros productos orgánicos de la zona, de los que obtiene harina para repostería y refrescos, como el arroz, la yuca y el guineo cuadrado.

Un nuevo producto ocupa la atención de esta planta. Es otra plantación orgánica, es decir, libre de agroquímicos. Se llama Moringa, y es originaria de Asia.

La Moringa es llamada la planta milagrosa o el árbol de la vida. Primeramente tiene un crecimiento extraordinariamente rápido.

También el fuste de una planta recién cortada tiene esa edad. Este rápido crecimiento lo hace ideal para la biomasa o, para decirlo de manera más sencilla, para leña.

En muchos países se emplea su larga vaina y sus semillas para la alimentación animal y para obtener aceite, pues es una oleaginosa de primera. De allí su nombre, Moringa Oleífera.

Pero el uso que ha empezado a dársele en el consumo crudo de sus hojas. Estudios de la Universidad de Costa Rica han demostrado que sus hojas están constituidas en un 33% de proteínas, un 20% es fibra dietética, un 24% carbohidratos disponibles. Es decir, es en sí misma un alimento completo.

Las hojas son cosechadas con las mayores normas de higiene e inmediatamente llevadas a la planta de Industrias Orgánicas del Norte, donde se lava y se seca a la sombra, para que no pierda su color verde tierno ni sus propiedades.

Otras moringas muestran otros colores, debido a que se han secado de manera excesiva al sol.

Luego viene el molido y empacado, y está lista para abrirse mercado en las macrobióticas, donde los consumidores pagan por ella precios muy atractivos.

Maritza Rodríguez, que tiene una soda en Upala, prepara una arroz con pollo como cualquiera, pero que no es como cualquiera, pues se le rocía un poco de Moringa. Lo mismo hace con jugos de frutas.

Los productores afirman que el resultado es no solo un mejor sabor, sino además de propiedades nutricionales muy favorables.

La hoja de Moringa ya secada en crudo, como se le dice, y debidamente molida, sale de la fábrica con un valor de 60.000 colones el kilo. Una bolsita como vale en las tiendas macrobióticas entre tres mil y cuatro mil colones.

Ello pone de manifiesto que los productos orgánicos, y en particular este, son una alternativa para sacar de la pobreza a una importante cantidad de agricultores, y de llevar progreso a zonas muy poco desarrolladas, como es el caso del cantón de Upala.