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El Sanatorio Durán primero fue baluarte en la lucha que libró Costa Rica contra la tuberculosis, conocida como la peste blanca.

Luego sirvió de cárcel para menores, y ahora encierra cuentos de otro mundo: espíritus de monjas o de niños que perecieron en la época de hospital.

Por su valor histórico y su atractivo como escenario de fenómenos para normales, un proyecto quiere rescatarlo del abandono en que se encuentra y convertirlo en patrimonio cultural.