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En Santa Cruz, los productores realizan a menudo una feria del maíz. Sin embargo, la de esta vez tiene un contenido muy concreto: protestar contra el intento de introducir maíz transgénico a nuestro país.

El maíz nació de una pequeña planta del altiplano mesoamericano, y la selección realizada pro hombre logró una inmensa cantidad de variedades. Hoy es el cereal más consumido en el mundo.

Los que se oponen a los transgénicos afirman que esta riqueza puede desaparecer. ¿Cómo?

Según afirman, las aves, las abejas, el viento, toda la naturaleza se encarga de difundir su polen a sus semillas, que terminarán por exterminar las especies nativas tradicionales.

Esto ha ocurrido, según afirman, en la India con el algodón. Hoy en ese país no se pueden conseguir las semillas tradicionales, y la que se puede adquirir, sin excepción, es vendida por Monsanto.

La otra objeción es que los nuevos productos transgénicos pueden derivar en efectos no deseados e incontrolables. Eso ha ocurrido con la mariposa monarca.

En el año 2000, científicos alertaron acerca de que una variedad de maíz modificada para repeler las larvas de esta mariposa podría ocasionar la desaparición de esta especie. Una comisión formada por el gobierno de Estados Unidos determinó sacar de la producción a esa variedad de maíz.

Por ahora, el 89% de los cantones se han declarado libres de transgénicos. Pero, ¿hasta dónde esto tiene un efecto práctico?

Lo primero es que en el país no está prohibido el uso de este tipo de productos y de hecho hay 36 permisos de explotación de los que ninguno está en producción.

Cuatro empresas cultivan transgénicos para la producción de semilla de exportación. Ellas producen semilla de algodón y soya. En fase experimental, se trabaja también en piña y banano.

La modificación genética de las especies que nos comemos es un campo prometedor, dicen sus impulsores. Los científicos afirman que se pueden obtener peces de más rápido crecimiento, tomates de colores y sabores diversos, papas con menos almidón y sobre todo especies más resistentes al frío, a la sequía o a las plagas.

Uno de estos proyectos en el llamado arroz dorado, una variedad del grano capaz de producir vitamina A que podría ayudar a contrarrestar la avitaminosis en gran parte de Asia.

Sus detractores afirman que ese proyecto es absurdo, pues sería mucho mejor emplear sus recursos en mejorar la dieta en vegetales, camote y otros alimentos más baratos y eficientes.

Además, dicen, el problema en el mundo no es la escasez, pues un tercio de los alimentos producidos se desperdician.

Una cosa está clara: la polémica es grande rica y variada, y de ella pueden obtenerse resultados que van a ser decisivos para el futuro del país y de la humanidad.