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Segunda ronda, ¿cómo afecta la economía del país?

La segunda ronda dejó de ser algo nuevo para los costarricenses en el 2002, cuando Abel Pacheco y Rolando Araya debieron ir a ese round extra.

Daniel Quesada Hace 2/5/2014 2:59:00 PM

Costa Rica deberá esperar dos meses más para saber quién será su próximo presidente y, más allá, de las variables que se descartaron en la primera parte del proceso, el aguardo por esa respuesta puede traer algo más que 60 días más de campaña electoral.

La segunda ronda dejó de ser algo nuevo para los costarricenses en el 2002, cuando Abel Pacheco y Rolando Araya debieron ir a ese round extra para que el primero resultara electo para gobernar por cuatro años.

Entonces, la incertidumbre y sus efectos se pueden saber familiares, así como el efecto económico que un proceso de este tipo trae consigo. Para el economista Alberto Franco, el gasto del estado para el próximo 6 de abril es quizás el de menor importancia en el tema monetario.

Este, aclara, inevitablemente va a representar un gasto extra para el estado, pero “ese no es el costo mayor para la economía, sino que está por el lado de la actividad económica que se deja de realizar, a la espera de que se aclaren los nublados políticos principales”, explica.

Franco detalla, además, que operaciones de consumo de valor como compra de vehículos y electrodomésticos, así como inversiones tales como compra de casa o lote, forman parte de todo eso que económicamente se puede ver postergado, “eso impactará”, agrega.

Según el especialista, la segunda ronda es “uno de varios factores que están incidiendo sobre el comportamiento del tipo de cambio en las últimas semanas. La prolongación del proceso es un elemento que atiza la presión alcista que hemos estado viendo”.

Así, Franco cree que ciertas señales de los dos candidatos citados para segunda ronda pueden apaciguar la incertidumbre. Estas deberán ir dirigidas, principalmente, a empresarios y economistas.

A ello se podría sumar reuniones de los aspirantes con los agentes económicos, o el hecho de “pulir mejor sus programas, principalmente aquellos que tienen aspectos fiscales”, concluyó el economista.