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Sabían que su profesión no era cosa fácil y que su vida era arriesgada desde el momento en que se vestían con uniforme, pero aun así Carlos Eulogio Jiménez Pérez de 32 años, y Jesús Peraza Garro de 50 años, cumplían con el mayor de los orgullos el ser oficiales de policía en la delegación de Pococí.

En casa de Carlos Jiménez, el oficial con tres años y medio de experiencia, lloran la pérdida de un amoroso padre y un hijo que nunca dejaba de llamar a su madre para preguntar cómo estaba.

Carlos entró a su turno el pasado 2 de enero y lo  terminaba precisamente ayer a las 12 media noche. Momento en que volvería a casa para poder estar con su pequeña de tres años. Él era el quinto de siete hermanos, nacido en Puntarenas, pero desde los cinco vecino de Limón.

Había servido como oficial en San José, en Matina y lo hacía en Cariari. Ahora su cuerpo será enterrado en el cementerio del Cairo, a unos kilómetros de ahí, en Guácimo.

Otra familia prepara los actos fúnebres del oficial Jesús Peraza Garro, quien a sus 50 años de edad contaba con 12 de experiencia policial. Padre de tres hijos, era considerado como un adicto al trabajo, amante de su profesión hasta en los tiempos libres y orgulloso de poner en riesgo su vida a diario por el cuidado del pueblo.

Don Jesús tenía poco tiempo de  haber dejado las calles, ahora su labor estaba en la armería de la delegación pero su destino era diferente. Por falta de personal, y ante la llamada de emergencia del robo, tomo la decisión de hacerse presente, sin imaginarse que moriría en el cumplimiento de su deber.

El OIJ confirmó que no había ninguna bala en sus cuerpos, que por cierto están en medicatura forense a la espera de su retiro para darles sepultura.