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Escuelas clandestinas en Siria para ayudar a los niños a sobrellevar la guerra

En un antiguo palacio de la época otomana, en la ciudad vieja de Alepo, la guerra no parece disuadir a un grupo de niños que va a una escuela recién abierta por un grupo de maestros.

Hace 3/18/2013 10:48:00 AM

En un antiguo palacio de la época otomana, en la ciudad vieja de Alepo, la guerra no parece disuadir a un grupo de niños que va a una escuela recién abierta por un grupo de maestros.

"Abrimos este colegio hace una semana; y dentro de pocos días abriremos otro muy cerca para que vayan las niñas del barrio. Los padres siguen teniendo mucho miedo a que sus hijos vayan al colegio; porque estamos en primera línea de combate, pero tenemos que ir recuperando la normalidad. No podemos vivir siempre con miedo", afirma Abu Salam Mustafá (27 años), profesor de religión de esta escuela clandestina.

En la ciudad de Alepo, en el norte de Siria, no hay una sola escuela que no haya sido alcanzada por un obús o directamente reducida a escombros por la aviación.

La ciudad conoció intensos combates entre julio y octubre. Desde entonces bajó la intensidad, pero la aviación del régimen sigue bombardeando muchos barrios controlados por los rebeldes.

"El Ejército Sirio Libre (ESL) ha utilizado las escuelas en Alepo como cuarteles generales y bases para sus soldados; por ese motivo el régimen las ha bombardeado", comenta este antiguo profesor en un colegio de Alepo y ahora reconvertido a director de este centro clandestino.

Ante ese panorama, Abu Salam Mustafa decidió abrir una escuela en un antiguo palacio otomano de mediados del siglo XIX, que estaba cerrado a cal y canto.

"Un lugar muy seguro. En la planta baja tenemos un refugio por si nos bombardean; además tiene muchas habitaciones que podemos utilizar como clases", comenta Abu Ahmad, de 23 años, antiguo estudiante de Química en la universidad de Alepo.

La escuela, una joya arquitectónica, cuenta con un patio central rodeado de siete habitaciones que aún conservan las puertas de madera de la época. Algunas de ellas, cubiertas de polvo, y otras llenas de pupitres y pizarras impolutas esperando llenarse de chavales.

"La zona no es muy segura, porque dos calles más allá está la primera línea, pero el edificio es alto y sus muros bastante gruesos protegen a los niños de los morteros y la artillería", comenta el director.

"Hace unos días, cayeron tres morteros en esta zona y mataron a varias personas. Acto seguido tres colegios clandestinos cerraron sus puertas para siempre porque los padres se negaron a enviar a sus hijos", añade.

Una treintena de niños (de 6 a 17 años) corren detrás de un balón castigado por el paso del tiempo. Los pequeños juegan ajenos a lo que ocurre varios metros más allá. El sonido de las armas ligeras y el tableteo de las ametralladoras se mezclan con los gritos de alegría de los pequeños.Las dos caras de la guerra unidas en el mismo lugar.

"Una de las finalidades que tenemos es tratar de que superen lo que han visto en estos últimos meses. Muchos de ellos han perdido a algún familiar por la guerra o han visto gente muerta. Y muchos tienen problemas psicológicos y rompen a llorar sin motivo aparente", relata Abu Salam Mustafá.

Ahmad Saman, un muchacho de 13 años admirador de Messi y el FC Barcelona, y que de mayor quiere ser ingeniero, es uno de los 100 niños que acude a este colegio de 8 a 12 de la mañana seis días a la semana.

"Mis padres son los que me animan a que venga todos los días al colegio, tienen miedo? pero me puede pasar algo también estando en casa", afirma.

Mohamad Asun (16 años), amante del cine egipcio y de las "pelis de acción", cuenta que quiere "estudiar arquitectura para poder ayudar a que la gente de mi país tenga un sitio donde vivir cuando se acabe la guerra".

En otro barrio de Alepo, Masaki Hanano, los profesores han comenzando a abrir escuelas en las mezquitas.

"Los niños no tenían ningún sitio al que ir que fuese seguro y por eso decidimos habilitar la planta baja de esta mezquita para que pudiesen asistir al colegio", afirma Fátima (23 años), antigua estudiante de filología árabe en la universidad de Alepo.

Unos 50 niños, repartidos en tres aulas, acuden a diario a clase. "Este lugar es como un hospital. Aquí los pequeños vienen en busca de ayuda y nosotros tratamos de curar sus problemas. Ellos son el futuro de Siria", sostiene Mohamad Handu (24 años), licenciado en química.

Cada vez que se produce un bombardeo en la zona, los padres acuden corriendo a esta escuela para recoger a los niños y llevárselos a casa. "Es normal que tengan miedo? En estos últimos seis meses han muerto cientos de hijos en los bombardeos", dice Mohamad.

Esta escuela clandestina abrió sus puertas hace un mes y acuden niños de entre seis y doce años.

"Vienen niños de todos los barrios; porque en muchos otros sitios de Alepo aún no han comenzado a abrir escuelas clandestinas por miedo a los bombardeos, o porque están en primera línea de fuego", explica Fátima, que luce en la muñeca una pulsera con la bandera tricolor de la revolución.

Seis profesores (cuatro mujeres y dos hombres) imparten clases de inglés, matemáticas, religión o árabe.

"Nadie nos paga por lo que hacemos, pero no queremos dinero; bastante salario es ver la cara de alegría de los niños", afirma Fátima.