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Desastre en la General Cañas. Una obstrucción en una alcantarilla no se vio a tiempo, y la vía principal del país colapsó.

Desastre en Vara Blanca. Un puente que según los técnicos debió haberse sustituido y cambiado de lugar, fue arrasado por una cabeza de agua.

Colapso en la circunvalación. Este es más reciente y parece que no hace falta recordar lo que ocurrió.

Estos hechos parecen ser el signo del país. Vamos de una a otra, sin prisa pero sin pausa, sin descanso.

Mientras tanto, las presas se multiplican.

En 1998 el número de vehículos era de 492.742. Catorce años más tarde, en el 2012, era de 1.059.000 vehículos, un 115% más.

Pero el total de carreteras asfaltadas era hace 14 años de 7.426 kilómetros. El año pasado, había crecido a 11.021 kilómetros, un aumento del 48%. Las cifras lo dicen todo.

La presidenta de los transportistas, Marjuri Lizano, afirma que el arreglo de 12 kilómetros de carretera de lastre en las cercanías de Upala impediría que muchos camiones pesados que van de Moín a Nicaragua pasen por el centro del país aumentando el congestionamiento. El proyecto llamado Birmania-Santa Cecilia sigue en espera.

Y en esta congestión, la gran sacrificada es la capital. Trescientos mil vehículos ingresan todos los días a San José, esencialmente por ocho vías. 70 mil por la General Cañas, 38 mil por la radial Heredia-Pozuelo, 35 mil por la ruta 27, 38 mil por la radial a Tibás, 35 mil por la ruta 32, 47 mil por la Florencio del Castillo, 30 mil más vienen del sur por la radial de Desamparados.

El resultado es un caos insalvable.

Y la primera razón de este retraso es económica. El país destina mucho menos del uno por ciento del Producto Interno Bruto por año a infraestructura, mientras los expertos señalan que necesitamos una inversión mínima del 2%.

Pero el segundo es una cuestión de capacidad humana e institucional.

La entrada o salida hacia Heredia, es un un calvario que unas 50.000 personas sufren dos veces al día. Lo que usted quizá no sepa es que la obra nueva y moderna que se requiere está financiada, y que los costarricenses pagamos intereses por ese préstamo ocioso.

Hoy el país cuenta con más de 1.800 millones de dólares de empréstitos, de los que emplea una mínima parte.

De todo este plan, solo se está invirtiendo en una obra: el tramo Cañas-Liberia, en la ruta 1, la Interamericana. La continuación hasta Barranca debe ser la que sigue, pero continúa varada por falta de expropiaciones.

Con financiamiento en mano, esperan trámites: el paso a desnivel en cuatro puntos de la circunvalación, incluidos Paso Ancho, Rotonda de La Bandera, Garantías Sociales; tramo Pozuelo-Jardines del Recuerdo, Circunvalación Norte.

Además de esto, el tramo puente Juan Pablo II-Pozuelo, tramo Hacienda Vieja- Garantías Sociales, y otras más.

Para Guillermo Loría del LANAMME, “la vialidad nacional sería completamente transformada, si nosotros pudiéramos usar esos 1800 millones de dólares que hay por empréstitos internacionales, y ojalá en un corto plazo, cuando hablo de un corto plazo me refiero a unos cinco años”.

Pero la cosa va lenta. Esas obras no las veremos, a menos en sus etapas de construcción, dentro de cinco años.