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La realidad de los padres que por alguna razón tienen un hijo internado en el Hospital Nacional de Niños, muchas veces es dura.

Deben estar al lado de ellos prácticamente todo el tiempo y pasa a segundo plano si no tienen donde dormir, bañarse o preparar sus alimentos.
Cuando Allan puede regresar a su casa en Heredia, debe volver pronto al Hospital de Niños para estar con su hijo.

El pequeño tiene diez años y está internado por una severa reacción alérgica provocada por un medicamento que toma a consecuencia de sufrir un accidente.

Debido a lo grave de su condición, tiene que estar acompañado todo el tiempo.

Aunque su papá no vive tan lejos, le es difícil ir y venir de su casa, por lo que no estaría de más tener cerca dónde descansar sin descuidarlo a él.
 

Su caso, es similar al de doña Grettel a su hija, un infarto cerebral la tiene por tiempo indefinido internada en el Hospital de Niños.

También debe ingeniárselas para cuidar de ella e ir de vez en cuando a su hogar.

Los días transcurren entre desvelos y cansancio, pero encuentra un poco de consuelo en la paz que le da saberse al lado de su pequeña.

Aun así, no niega el alivio que sería contar con un sitio cerca para descansar, alimentarse bien y poder bañarse.

Esa es su realidad y la de personas que llegan de lejos al Hospital de Niños con necesidades similares.