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Jean Claude Muller cruzó el continente americano en busca del lugar ideal para volar su parapente y lo encontró en Caldera.

En ocasiones, como una manera de agradecer a la sociedad, brinda esta aventura gratis a gente en desventaja.

Y fue así como un grupo de niños de un hogar en Puntarenas se remontó por los aires y la monja que los cuida, se convirtió en la monja voladora de Costa Rica.