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Imagine por un momento, que está comenzando su vida laboral, usted tiene 19 años y necesita sus manos para trabajar.

En ese momento, un accidente se las arrebata y usted, queda frente a un cruce de caminos en su vida.

¿Me levanto y me reinvento, o me quedo inactivo, sintiendo lástima de mí?

Esta es la historia de don Rigoberto tenía tan sólo 19 años y dependía de sus manos y brazos, para trabajar como electricista liniero. La amputación de brazo izquierdo, terminó de golpearle el ánimo.

Sin embargo, dos cosas que muchos damos por sentado, terminaron de decidir el curso de su vida: el trabajo y los valores que su familia le había inculcado.

Mientras tanto, Ana Lorena, su entonces novia recibía presiones de familiares y vecinos. Que lo dejara, ella estaba muy joven aún para amarrarse a alguien así.

Don Rigoberto, se reincorporó a trabajar, esta vez, con su mente y actitud renovadas, la capacitación era su nuevo campo de batalla. Como el dice, si le pedían a, hacía b y hasta c.

Hoy reconoce que, el accidente que le amenazó su forma de vida, le dio un impulso inesperado.

Don Rigo sigue aprendiendo, cómputo, Internet, lo que pueda, pero la gran lección, fue aquella que con fuego, le marcó su destino.