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La independencia de 1821 cambió la vida de los costarricenses, pero muchos de sus detalles siguen todavía en el olvido. En las dos primeras décadas del siglo XIX, América Latina era un hervidero.

Napoleón invadió España en 1808 e impuso a su hermano, conocido como “Pepe Botellas”, como su nuevo rey. En medio de un levantamiento armado, los opositores convocaron entonces a una constituyente, llamada las Cortes de Cádiz. En ellas participaron representantes americanos y emitió la Constitución liberal de 1812.

Posteriormente la corona española, ya restablecida, derogó esa Constitución y ello aumentó el descontento en las colonias americanas y echó fuego a la lucha independentista en el continente.

En febrero de 1821 Agustín de Iturbide proclamó la independencia de México. Poco después se haría llamar emperador y su reino fue conocido como el Imperio de Iturbide.

El fuego llegó con rapidez a Guatemala, donde los independentistas formaron un fuerte movimiento que amenazó incluso con una rebelión armada.

Ante esa posibilidad, las fuerzas políticas guatemaltecas se reunieron de emergencia y decretaron, el 15 de setiembre, la independencia de esa provincia.

Los más ardientes independentistas fueron excluidos de esa reunión. Entre ellos figuraba un costarricense llamado Pablo Alvarado, estudiante de medicina.

El acta de independencia de ese 15 de setiembre, se conserva en la capital guatemalteca. Efectivamente el acta guatemalteca no decreta la independencia de las otras provincias, sino que las llama a decidir por su cuenta.

El acta llega a la diputación provincial de la ciudad nicaragüense de León, de la que dependía Costa Rica.

Los leonenses, más temerosos que entusiastas, deciden separarse de Guatemala pero mantener un justo silencio con respecto a España. De allí nace la frase de esperar "a que se aclaren los nublados del día".

El sábado 13 de octubre, una copia del acta llega a Cartago, capital de Costa Rica, causando temor y sorpresa.

Ese día se reúnen los prohombres de la capital, y en el acta se apuntan de "la angustia por la inesperada noticia" en una "época tan lamentable".

Tres días más tarde los cartagos señalan que "mientras el tiempo decide la suerte seremos nosotros unos pacíficos espectadores de sus resultados".

Es hasta el 29 de octubre que en este sitio donde hoy está la municipalidad y con presencia de delegados de las otras ciudades y pueblos, se firma un acta que:

1.- Declara la independencia del gobierno español.

2.- Se observará le constitución y leyes del imperio mexicano.

La calle principal de la antigua capital lleva ese nombre: 29 de octubre, y muchos consideran que esa es la verdadera fecha de la independencia.

Un movimiento de ciudadanos propone que la fecha de independencia se celebre no el 15 de setiembre, sino el 29 de octubre.

Algunas curiosidades

El acta de Guatemala del 15 de setiembre no tiene inciso 9, pasa del 8 al 10.

El acta de la independencia estuvo perdida entre 1821 y 1933, cuando fue encontrada en los archivos nacionales de Guatemala.

Un nicaragüense, Rafael Francisco Osejo, fue el principal impulsor de la independencia en Costa Rica.

Había en el país un apoyo muy grande a la monarquía, tanto que ciudadanos ponían carteles a favor de España.