Última Hora

Para muchos, las mejores horas de su niñez y adolescencia, pasaron detrás del balón, con los compas del barrio.

La calle, o el planché de la esquina se convertía en el más majestuoso estadio de futbol.

La imaginación era capaz de todo y la simple mejenga de la tarde, se convertía en míticos clásicos de fútbol, Barcelona contra Real

Madrid, Manchester United contra el Liverpool y por supuesto no podía faltar el clásico criollo, morados contra manudos.

Aunque no se podía permitir que la fantasía desviase la atención del partido.

Esos juegos se disputaban con alma y corazón y había que concentrarse, porque los partidos en el barrio están plagados de reglas.

Estas comienzan con la elección de los equipos los dos más buenos no podía quedar juntos. Ellos son los que arman cada equipo.

Aquí no hay árbitro así que había que establecer alguna manera para solucionar las jugadas dudosas.

También había que cuidar no hacer enojar al dueño de la bola o si no ahí sí se fregaban todos.

Si se convencía al dueño de la bola de seguir la mejenga, y ya todos se cansaban o tenía que volver a la casa, y en muchas ocasiones hasta la cuenta de los goles se había perdido, venía el momento decisivo.

El partido se termina, pero mañana o lo antes posible otro juego se armará en el barrio, construyendo esa pasión por el futbol que caracteriza a los ticos, en cada jugada.