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Muchas personas se quejan de todo, pero no hacen nada por cambiar las cosas.
Son pocos los costarricenses que con sus acciones, por más simples que estas parezcan, ayudan día a día a hacer un mejor país.

Don francisco recuerda que cuando era parte de la Policía de Tránsito, no sabía dónde era que se originaba la presa entre la Uruca y Heredia. Después de investigar, vieron que el embudo era la Ruta 3, por El Virilla, e hicieron lo posible por solucionarlo, pero 2 años después, en el año 1986, renunció a su trabajo.

Justamente ahí vive y tiene su negocio de aros. Eso le permitió ser el guardián de esa ruta.

Prácticamente renunció sólo al salario, porque el trabajo ahí, como voluntario, es muy fuerte.
Solo que ahora lo mueve sólo el interés de ayudar. Se queda con los apodos positivos, a el otro no le presta atención.

Los vehículos, por descuido o a veces por maldad, botan los conos. Algunos conductores de buses le avisan al pasar por su local, y Francisco vuelve a colocarlos. Incluso en horas pico, se lanza a las calles para agilizar el tránsito, y buscar la paz.

Sus 3 hijos han crecido con ese ejemplo de servicio, de arremangarse y construir un mejor país con nuestras propias acciones. De su forma de hacer patria, todos podemos aprender.