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No hace falta grandes instalaciones, con vestidores o restaurantes. Todo lo necesario lo proporciona la naturaleza.

Con familiares, vecinos o amigos, se hacía un grupo para la poza o río más cercano.

El agua está fría, helada, y esa sensación en la piel, casi dolorosa por un instante, es parte de esta experiencia.

Simplemente era disfrutar del agua, de la compañía, de la naturaleza. Lastimosamente Doña Elizabeth tiene razón, y cada vez es más difícil encontrar un río o poza en el Valle Central, que no esté contaminado.

En los pocos disponibles, como esta poza del río Las Juntas en Santo Domingo de Heredia, todavía las familias aprovechan principalmente los fines de semana para vivir esta experiencia, y así pasan las horas, jugando en el agua, sin importar la edad.

El cuerpo se acostumbra al frío, el sonido de la corriente hipnotiza. La naturaleza se encarga de todo, incluso de matar el hambre y pensar que podría estar en nuestras manos hacer que las próximas generaciones disfruten de esta experiencia tan criolla.