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Dania Almanza llegó de Nicaragua hace más de una década con el sueño de tener un mejor porvenir. Desde entonces adoptó a Costa Rica como su hogar y aquí nacieron cinco de sus seis hijos.

Con su trabajo como empleada doméstica en dos casas logra ajustar unos 120 mil colones al mes. El abuelo de los pequeños, que también vive aquí, aunque no tiene un trabajo fijo, aporta algo para pagar los 70 mil colones de alquiler y con lo que sobra se la juegan para comer y pagar recibos.

La casa básicamente es de latas, con piso de tierra en algunas partes. Aun así, para la familia es una bendición tener donde recostar la cabeza.

Los huecos saltan a la vista aunque los traten de tapar con plásticos. Justamente eso es lo que más preocupa a los niños, que sin distinción se quejan del agua que cae cuando llueve.

Dejando el agua de lado, hay que decir que los muebles son escasos. Si de estudiar se trata, por ejemplo, no hay escritorio, pero se las arreglan con una tabla que se ponen sobre las piernas.

A pesar de las condiciones, doña Dania da gracias a Dios porque aunque sea arroz y frijoles hay para comer. Eso sí, agregarle algo más al plato no siempre se puede.

En esta casa Dios es la fortaleza y eso salta a la vista en un altar en el que todos los días, sin excepción alguna, agradecen lo poco que tienen y piden fuerzas para enfrentar lo que traiga la vida.

Para la hija mayor su más grande sueño es darle a su mamá un poco de comodidad.

La súplica de esta joven llegó hasta Fundación Monge, que llevó a esta casa algunas cosas materiales para alegrarles el día y sobre todo para premiar el esfuerzo de toda la familia.

Doña Dania jamás imaginó tener sus propias cosas y no depender de lo que le regalen por ahí.

De esta manera, Grupo Monge les dio a estos jóvenes un regalo del día del niño y sobre todo premió el valor y el esfuerzo de esta mamá.