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Delpozo de culto y Custo para los escépticos en la Semana de la Moda de Nueva York

Con un prodigioso trabajo de patronaje y la sublimación artística de la alta costura, Josep Font ha creado para Delpozo una colección de culto inspirada en las pinturas de Corot y junto a un Custo Barcelona...

Agencia EFE Hace 9/8/2013 4:00:00 PM

Nueva York, 8 sep (EFE).- Con un prodigioso trabajo de patronaje y la sublimación artística de la alta costura, Josep Font ha creado para Delpozo una colección de culto inspirada en las pinturas de Corot y junto a un Custo Barcelona que sorprendió a los escépticos, alumbraron el día más español de la Semana de la Moda de Nueva York.

Siempre aficionado a los conceptos antagónicos, Font vuelve por segunda vez a Nueva York y crea en su colección primavera-verano un universo en el que la naturaleza, omnipresente en su obra, sale de la puesta en escena para filtrarse en tejidos, a su vez sumamente artísticos, con juegos de volúmenes imposibles y miriñaques.

"Hay una parte muy orgánica y una parte de arte muy importante en mi panera de trabajar. En este desfile está muy bien reflejado incluso en el espacio. Un loft moderno, contemporáneo con mucha vegetación", asegura en una entrevista con Efe Font, quien estudió arquitectura pero sintió la llamada del mundo de la moda.

Con los dejes de aquella alta costura que le llevó a desfilar en París con la firma que lleva su nombre y que acabó vendiendo, en su tercera reencarnación bajo Delpozo Font ha hilado, literalmente, más fino todavía, jugando con los crudos y los malvas, contrastando con estampados florales flúor y jugando a lo decimonónico con esa gitana de Corot emergiendo entre las más exquisitas de las costuras.

Rafias de lino, lanas frías, estampados, bordados en un desfile erudito que, en cambio, no resulta excluyente. "La gente entiende como un nuevo lujo nuestro trabajo. Un nuevo lujo que es la calidad, el buen hacer, las prendas especiales. Aquí nos hemos dado cuenta de eso", confiesa el diseñador.

Pero las referencias artísticas no acaban allí. La otra fuente de inspiración fueron las vidrieras de las catedrales góticas, la parte más luminosa de un arte lúgubre, que se traslada a la mujer en forma de delicadas estructuras que se mueven entre la rigidez arquitectónica y la delicadeza de las alas de un insecto. Segundo juego de opuestos de Font.

"Es una mezcla un poco extraña a priori pero nos ha gustado mucho el resultado", reconoce quien se siente cada vez más cómodo en Delpozo.

"Me conozco muy bien el legado de Jesús. Mantengo el mismo equipo, conozco muy bien sus tics, su patronaje... Tenemos una forma muy similar de trabajar sobre maniquí y manejamos un tipo muy parecido de mujer, que es una actitud más que un físico determinado", reconoce.

Esa mujer, esta vez, está representada por modelos blanquecinas, asépticas para un desfile lleno de vida en su "look" del rigor mortis y que termina con una sinfonía entre fúnebre y nupcial. Con una muerte blanca. Tercera paradoja.

Entre tanta contradicción, se dibuja una certeza: la de la extrema sensibilidad que Josep Font imprime a su trabajo fuera de tiempo y a la vez eterno. "Las tendencias, sinceramente, no me interesan mucho. Nosotros queremos crear tendencia, no ir detrás de ellas", concluye.

En la otra cara de la moneda, otro catalán, Custo Dalmau, subió muchos enteros en su nuevo desfile. Su giro hacia el "patchwork", su abandono de la estampación y su apuesta impúdica por el nacarado y el brillante renovaron sus votos con una pasarela, en la que la marca debutó en 1996.

"A Nueva York le debemos el cambio de dimensión en el proyecto. Cuando comenzamos era pequeñito y ahora es mucho más grande.
Todo lo que hacen en esta pasarela se proyecta internacionalmente", asegura a Efe Custo Dalmau.
Esta vez, conociendo además que debutaba la firma Desigual, con la que han tenido desencuentros por similitudes creativas, Custo ha decidido desmarcarse y reinventarse con más ahínco del que acostumbra.

"Hemos apostado como siempre por sorprender, cambiarlo todo para continuar siendo los mismos. Llevar nuestro ADN a un nivel muy
alto de sofisticación, a un lenguaje muy compacto muy coherente, y muy armónico", explica Dalmau.
El viaje empieza en lo tribal, en el exotismo indígena o los telares de Jacquard, para llegar sin cambios bruscos a la fantasía sideral.

"Hemos usado telares manuales con hilos de alta tecnología", asegura Dalmau, quien sigue teniendo sus fuertes en los abrigos, en los vestidos cortos y las camisetas, pero quien demuestra esta vez que puede ser sobrio con inteligencia.

"Las tendencias a veces nos favorecen, a veces nos dan la espalda, pero para nosotros lo más importante es reafirmar nuestra identidad", concluye.