Última Hora

En un hospital del noreste de Siria, una enfermera cura las heridas a un miliciano kurdo, alcanzado en pleno rostro durante los combates contra los militares turcos.

"Mis hoyuelos eran como los tuyos, pero perdí uno", dice Suleiman Qahraman a la enfermera, mientras esboza una leve sonrisa para evitar el dolor.

"Ahora sólo me queda uno", insiste el joven de 19 años, en referencia a la parte indemne de su rostro, provocando la risa de sus camaradas.

Él y sus compañeros de lucha, víctimas de quemaduras, resultaron heridos en combates contra soldados turcos y sus aliados sirios, que el 9 de octubre lanzaron una ofensiva en el noreste de la Siria fronteriza.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), en esta operación cayeron más de 250 combatientes y resultaron heridos muchos más del lado de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), alianza árabo-kurda dominada por las Unidades de Protección Popular (YPG), milicia que Ankara considera "terrorista".

Qahraman cuenta que estaba durmiendo cuando su posición cerca de la ciudad fronteriza de Ras al Aín fue blanco de un bombardeo turco. "Desde entonces, no puedo sentir nada", afirma.

"Cuando me desperté, mi cuerpo estaba todo quemado, cubierto de sangre. Las llamas estaban devorándolo todo", continúa, y añade que fue el único entre sus compañeros que sobrevivió al ataque.

Las autoridades autónomas de la minoría kurda siria acusaron a Turquía de utilizar armas no convencionales, como el napalm y municiones de fósforo blanco, una acusación desmentida por Ankara. 

El OSDH, que cuenta con una vasta red de fuentes en Siria, no pudo confirmar el uso de estas armas.

"Nunca antes había visto armas así", explica Qahraman, que combatió igualmente a los yihadistas en el este de Siria a principios de este año, así como a los aliados turcos en una anterior ofensiva en 2018.

'Defender nuestra dignidad' 

Turquía lanzó su última ofensiva después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la retirada de tropas apostadas en el noreste sirio, donde ayudaban a las FDS en la lucha antiyihadista.

Las FDS perdieron a 11.000 combatientes en la batalla contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), y percibieron la retirada estadounidense como una traición.

Irdal Walid, de 19 años, tumbado en una cama contigua, tiene la cara acribillada por la metralla. En su celular, ve un video en el que sale con sus amigos capturando un tanque turco.

"Mi padre me dijo que defienda nuestra dignidad y la de nuestro país", sostiene.

"Lo único en lo que puedo pensar es en volver al frente para defender mi país y resistir con mis amigos ante el ejército turco", añade.

Una tregua de 120 horas, negociada por Estados Unidos, que entró en vigor el jueves por la noche, implica la retirada de las fuerzas kurdas de una zona fronteriza de 120 km de ancho.

El domingo, las FDS se retiraron de la ciudad de Ras al Aín asediada por las fuerzas turcas, donde Qahraman estuvo luchando para defenderla.

Pero, desde sus camas del hospital, los combatientes heridos se niegan a rendirse.

Ali Sheer, de 21 años, perdió un brazo en una emboscada durante la defensa de Ras al Aín.

"Perdí el brazo porque defendemos nuestra tierra con nuestros cuerpos. Estoy orgulloso de esto", asevera.

"Voy a intentar reemplazarlo con una prótesis y volver a luchar", insiste.