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Decenas de miles de libaneses se concentraban este domingo en el centro de Beirut, en el cuarto día de un movimiento de protestas que reclama la dimisión de la clase política, acusada de corrupción.

El movimiento, que se extendió a varias ciudades del país, nació de forma espontánea el jueves tras el anuncio de imposición de una tasa para las llamadas efectuadas por el servicio de mensajería WhatsApp, aunque la medida fue anulada por la presión de la calle.

El hastío se canalizó después hacia la situación económica y política en general, en un país donde más de la cuarta parte de la población vive bajo el umbral de la pobreza, según el Banco Mundial (BM).

Las manifestaciones, protagonizadas por personas de todas las edades y estratos sociales, no han cesado día y noche.

Desde Trípoli y Akkar, en el norte, hasta Baalbek, en el este, pasando por varias localidades costeras, incluyendo Tiro y Sidón, en el sur, y Chuf en el este, los libaneses mostraban su descontento.

Bajo un manto de banderas libanesas, los contestatarios gritan "Revolución, revolución" o "el pueblo quiere la caída del régimen", principales consignas de la Primavera Árabe.

En Beirut, Zalfa Abukais, de 27 años, cuelga el nombre de diputados y ministros en alambradas. Son "ladrones", dice. "Me manifiesto contra los sinvergüenzas que están en el poder desde hace 30 años", afirma.

La clase política es prácticamente la misma desde el final de la guerra civil (1975-1990), y es acusada de mercantilismo en un país con las infraestructuras deterioradas, escasez crónica de electricidad y agua potable, y donde la vida es cara.

- "Todos quiere decir todos" -
Este domingo, tras una larga noche de protestas que congregaron a decenas de miles de personas en varias regiones del país, los libaneses empezaban a concentrarse nuevamente.

Podría tratarse de la mayor concentración, la víspera de que expire el ultimátum de 72 horas que el primer ministro, Saad Hariri, impuso a su frágil coalición gubernamental, socavada por las divisiones, para que aprueben sus reformas económicas.

Hariri insinuó que podría dimitir si no lograba hacer aprobar las reformas. Su coalición está dominada por el bando del presidente Michel Aoun y sus aliados, entre ellos el movimiento chiita Hezbolá, que se oponen a una dimisión del primer ministro.

Aliado de Hariri, el partido Fuerzas Libanesas anunció el sábado la dimisión de sus cuatro ministros, una iniciativa acogida con alborozo por los manifestantes.

En cambio, al grito de "Todos quiere decir todos", exigen la salida de toda la clase política.

En el centro de Beirut, sede del Gobierno, convertido en el epicentro de la protesta, grupos de voluntarios limpian las calles, provistos con grandes bolsas azules.

"Entendemos el dolor de la gente, queremos un Líbano no corrupto y soluciones, pero también un país limpio", declaró uno de ellos.

En los alrededores, se veían pintadas en las paredes que decían: "Líbano pertenece al pueblo" o "La patria para los ricos, el patriotismo para los pobres".

"Necesitamos dirigentes que trabajen por el interés del pueblo, y no para una comunidad confesional o un partido político", declaró Sanaa Mallah, de 40 años.

- Música y bailes -
El sábado durante la noche, las manifestaciones reunieron en un ambiente festivo a decenas de miles de personas en todo el país.

En Trípoli, segunda ciudad de Líbano tradicionalmente conservadora, la multitud se congregó en la plaza Al Nur y bailó al ritmo de una música animada por un DJ y difundida por altavoces. En otras ciudades, los manifestantes bailaron y cantaron.

Aunque se incendiaron neumáticos y bloquearon carreteras, no se registraron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

En un hecho inusual, el movimiento de protesta se extendió a feudos de los poderosos movimientos chiitas Hezbolá y Amal.

Los bancos, cerrados desde el viernes, tampoco abrirán el lunes, indicó la Agencia Nacional de Información (ANI).

Los libaneses expresan su hastío ante una crisis económica que se agrava en un país donde la deuda pública alcanza a más de 86.000 millones de dólares, es decir más del 150% del PIB.