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Miles de libaneses se concentraron este sábado en un tercer día de manifestaciones contra la subida de impuestos y una clase política acusada de corrupta, después de que las fuerzas de seguridad arrestaran a docenas de personas.

Por la mañana, el ejército reabrió las carreteras que los manifestantes habían bloqueado con barricadas, pero éstos no tardaron en levantar otras.

Un equipo de voluntarios, vestidos de gris, se afanaban en limpiar en las inmediaciones del parlamento los desechos de la víspera, desde cristales de escaparates rotos a pedazos de chapa, mientras decenas de manifestantes coreaban "¡Revolución, revolución!".

En un comunicado, el ejército pidió que los manifestantes "se expresen de manera pacífica, sin atacar los bienes públicos y privados".

Según los servicios de seguridad, se llevaron a cabo 70 arrestos.

- "Peleas y corrupción" -
Pero, por la tarde, "todos los detenidos" de uno de los principales cuarteles de la policía de la capital fueron liberados, según la Agencia Nacional de Información (ANI).

Antes de ello, el padre de un detenido había intentado prenderse fuego a lo bonzo frente al edificio de las fuerzas de seguridad.

Las manifestaciones estallaron tras el anuncio el jueves por parte del gobierno de un impuesto sobre las llamadas que se efectúen a través de las aplicaciones de mensajería internet.

Las autoridades acabaron por renunciar a ella ante la presión popular, pero el hastío se canalizó hacia la situación económica y política en general.

El movimiento de protesta se extendió por algunos feudos del poderoso movimiento chiita de Hezbolá y de su aliado, el partido Amal.

El líder de Hezbolá, Hasan Nasrallah, dio su primera respuesta el sábado. "No queremos que el gobierno dimita si esta dimisión significa que no hay gobierno", declaró, instando a los libaneses a trabajar juntos.

En Trípoli, en el norte del país, una manifestante, Hoda Sayyur, se declaró indiferente ante la prudencia mostrada por algunos líderes políticos en televisión, y afirmó que esperaba que toda la clase política acabara dimitiendo.

"Nos arrebatan nuestros derechos fundamentales [...] estamos muriendo a las puertas de los hospitales", declaró la mujer, de unos 50 años.

"Permaneceré en la calle [...] Desde que nací, hemos asistido a sus peleas y a su corrupción", añadió.

En las últimas semanas, la tensión fue en aumento en Líbano donde empeora la situación económica, con temores a una devaluación y escasez de dólares en los mercados de cambio.

Las escuelas, las universidades, los bancos y las instituciones públicas cerraron el viernes.

El primer ministro, Saad Hariri, dio de plazo hasta el lunes a sus socios de coalición -muy dividida- para que respalden un paquete de reformas para dar solidez a las finanzas del Gobierno y garantizar el pago de varios préstamos y donaciones.

El actual Ejecutivo de unidad cuenta con el apoyo de la mayoría de partidos, incluyendo Hezbolá.

- 'Populacho' -

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores, Gebran Bassil, yerno del presidente Michel Aoun, afirmó que se oponía a que dimitiera el gobierno, lo que podría "agravar" la situación.

El sábado, Hasan Nasrallah acusó, sin mencionarlos directamente, a los responsables de intentar descargar "la responsabilidad sobre los otros", al parecer en alusión a Hariri.

El líder de Hezbolá pidió que se responda "al mensaje ensordecedor de los manifestantes" y aplaudió "un movimiento popular [...] que supera las pertenencias confesionales, regionales o políticas".

"Su discurso busca calmar el descontento dentro de su propia comunidad, cuyo hartazgo socioeconómico salió a la luz", consideró el politólogo Karim El Mufti.

Un manifestante de Nabatiyé (sur), bastión de Hezbolá, afirmó que continuará protestando.

"Están tratando de retratarnos como si fuésemos populacho, pero estamos reclamando nuestros derechos", declaró a una cadena de televisión local.

"Estamos acostumbrados a la represión", agregó.

La deuda pública de Líbano alcanza más de 86.000 millones de dólares, es decir más del 150% del PIB, tercera tasa más alta en el mundo, por detrás de Japón y Grecia.

El gobierno intenta alcanzar un acuerdo para implantar medidas de austeridad y reducir el déficit de cara al presupuesto del próximo año.

Líbano se comprometió en abril de 2018 a iniciar reformas durante una conferencia internacional a cambio de promesas de préstamos y donaciones por un total de 11.600 millones de dólares.