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El Fondo Monetario Internacional (FMI) aportó este jueves una respuesta a los países enfrascados en debates sobre la forma de alcanzar los objetivos del acuerdo de París sobre el clima: deben imponer una tasa al CO2 de 75 dólares por tonelada emitida en la próxima década.

Dos economistas del FMI calcularon en un informe que esa tasa, si se impone a todos los países del G20, permitiría reducir las emisiones suficientemente para limitar el calentamiento del planeta a 2° C de aquí a 2100, el límite superior fijado en París. 

La temperatura mundial es ahora de 1° C más que a finales del siglo XIX y, de seguir así, llegará a +3° C de aquí a finales de siglo. 

Si tasan de forma ambiciosa las energías más contaminantes, los Estados acelerarán los cambios de comportamiento de los consumidores, que se verán incitados a consumir menos energía, a comprar vehículos eléctricos o electrodomésticos más eficientes. 

Un importe de 75 dólares supera en unos dos dólares el precio medio actual de la tonelada de carbono en el mundo. 

Pero la tasa varía mucho según los países, recuerda el informe. Por ejemplo, Suecia cobra 127 dólares por tonelada emitida, el impuesto al carbono más alto del planeta, mientras que en la Unión Europea la tasa es de 22 euros (25 dólares). 

El impuesto propuesto por el FMI afectaría sobre todo al carbón, ya que es la energía que emite más dióxido de carbono. De media su precio se triplicaría en los países del G20. 

Los expertos del FMI calculan que una tasa al carbono de al menos 50 dólares en 2030 para los países desarrollados del G20, y de 25 dólares para las economías emergentes, duplicaría las reducciones respecto a los compromisos actuales del país. 

Los ingresos fiscales logrados con esa medida serían altos: entre el 0,5 y 4,5% de la riqueza nacional, según los países. Se podrían utilizar para reducir otros impuestos o ser redistribuidos a los hogares más pobres, sugieren los autores del informe.