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25 años después, el sueño de ver a Foo Fighters y Weezer se cumplió esta noche para miles de costarricenses.

Fue una espera demasiado larga para observar a dos de las bandas más importantes del mundo en su género, pero valió cada segundo de las más de tres horas en las que los estadounidenses hechizaron a los ticos.

Fue en realidad un concierto doble, porque cuando se habla de Weezer es imposible verlo como un simple telonero. Es mejor verlo como la forma en que ambas agrupaciones le pagaron a Costa Rica tantos años de cariño a la distancia.

“Si hubiéramos venido hace 25 años habrían llegado solo 100 personas”, dijo Dave Grohl a manera de excusa. El exNirvana tiene toda la razón. Maduraron para estar aquí esta noche y cantar a plenitud, con rebosante energía y espectacular devoción.

Pero primero, Weezer

La banda de Los Ángeles tenía todo para ser el plato fuerte de la noche: un setlist cargado de éxitos y nostalgia que se apoyó en esa carrera de casi 30 años, una fórmula probada que el público costarricense aplaudió hasta la saciedad.

Y aunque se esperaba que el ansiado encuentro entre Rivers Cuomo y los suyos con Costa Rica fuera glorioso, su espectáculo superó con creces cualquier expectativa.

Weezer se entregó por completo. Las tonadas de Buddy Holly le pagaron a la audiencia el retraso de casi una hora en el programa oficial. Luego vinieron Undone y Hash Pipe, preámbulos de la explosión que fue Paranoid (Black Sabbath) en la poderosa voz del guitarrista Brian Bell.

“Bienvenidos a nuestro concierto, ¿cómo están maes?”, gritó Cuomo, una de muchas frases en un español bastante decente que el vocalista aprovechó para practicar.

Island in the Sun puso a cantar a las 28.000 almas que la organización reportó como cifra oficial de asistencia, mientras que Beverly Hills, otro de esos coros que todo el mundo ha escuchado por lo menos una vez en su vida, llegó para mantener la euforia.

My name is Jonas y Pork and Beans vinieron a acompañar a Take on Me, de los noruegos de A-Ha, otro clásico que sorprendió y se llevó el cálido aplauso de los ticos.

Pero faltaba más, mucho más. The End of the Game y Perfect Situation sonaron antes de que el vocalista le preguntara a su encantado público si podía cantar “algo de Nirvana”. El sonoro “sí” solo se interrumpió por los acordes de Lithium. Otra vez la explosión de júbilo.

El vocalista se dirigió una vez más a su audiencia para ofrecerles un último “regalito” y así llegó Say It Ain’t So, la que bien puede ser la canción más reconocida de Weezer y el broche de oro para un concierto que apenas comenzaba.

Con ustedes, Foo Fighters

Cuando el reloj marcaba las 8 p. m. Dave Grohl entró corriendo al escenario. Fue un vendaval de energía que no paró por las siguientes dos horas.

El baterista de Nirvana, reinventado como vocalista y líder de una de las bandas más importantes del rock mundial en las últimas décadas, le dio la bienvenida a los ticos de lo que sería la primera (y ojalá no última) vez que los Foo Fighters tocaban en Costa Rica.

All my Life llenó cada rincón del Estadio Nacional con un sonido de nota altísima para el espectáculo. Fue una verdadera explosión digna de una presentación que se esperó demasiado. 

Por eso no extrañó ver a fanáticos con las manos en la cabeza y la sorpresa en el rostro: el sueño era realidad.

A diferencia de otras tantas, Grohl y su banda no llegaron al país en el ocaso de su carrera, los de Seattle están en plenitud a pesar de tantos años en el ruedo y eso se notó en cada detalle, en cada acorde, en cada grito.

Learn to Fly, The Pretender y Run completaron una carrera de casi 20 minutos de éxtasis. Sería fácil decir que fue una seguidilla de éxitos, pero con Foo Fighters, ¿cuántas canciones no lo son?

Grohl, carismático como es, se entregó a lo suyo. Le preguntó a los ticos si querían rock y tuvo que pedir silencio para empezar The Sky is a Neighborbood, antesala de Times Like These y un solo de batería de Taylor Hawkins que sacó los celulares de los bolsillos de todos.

“Gracias, esta es nuestra primera vez en Costa Rica. Pero estoy feliz de haber esperado, porque hace 25 años quizás hubieran llegado 100 personas, hace 20 años unas 200, pero hoy es un maldito estadio lleno”, dijo el vocalista en medio de gritos de aprobación.

“Tenemos un montón de canciones para tocar, ustedes saben que tenemos un montón de canciones y que vamos a tocarlas hasta que nos digan que nos callemos. Posiblemente no podremos tocarlas todas, pero la próxima vez que vengamos tocaremos tres horas, cuatro horas tal vez”, añadió en medio de gritos de esperanza por esa promesa que acababa de lanzar al aire.

My Hero, These Days, La Dee Da y Walk hicieron de interludio entre ese inolvidable recital y la presentación oficial de la banda: Christopher Shiflett (guitarra), Nate Mendel (bajo), Rami Jaffe (teclado), Hawkins en la batería y por supuesto Pat Smear, otro rostro de la desaparecida Nirvana.

Y de la mano de Hawkins llegó Under Pressure. El baterista tomó el micrófono y le dejó el banquillo a Grohl para entonar la mítica balada en la que David Bowie compartió con Freddie Mercury y Queen hace ya tantos años.

Fue una presentación formidable del baterista y el resto de los "Foo". Un tributo que los ticos agradecieron.

Monkey Wrench, Hey J. P., Wheels y Best of You pusieron fin a un concierto inolvidable.

“Gracias por el mejor primer show de mi historia. No sabía que iba a ser tan bueno, creo que tenemos que venir de nuevo”, repitió Grohl.

“No voy a decir adiós, porque creo que nos veremos de nuevo”, añadió, y segundos después empezó a sonar la mítica Everlong, el punto final de una noche completa.

Así tenía que terminar este ansiado encuentro, con un concierto de dos horas que pagó cada minuto de esos 25 años que les tomó a Foo Fighters, y Weezer, llegar hasta Costa Rica.