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Doña Maritza, es una mujer que después de que enviudó, y de que sus hijos crecieron, buscó en qué emplear su tiempo libre.

Decidió enseñarle a mujeres como ella, la pasión que aprendió desde los 6 años: el arte del tejido.

La emprendedora, es una mujer que siempre tuvo la inquietud de formar un grupo de mujeres por dos razones: sentirse útiles en una etapa en la que es difícil conseguir trabajo y llevar dinero a sus hogares.

Esa pasión que inició a los seis años, hoy sirve de distracción y sustento para algunas de sus amigas, que agradecen estar aprendiendo el arte del tejido en esta etapa de su vida.

Cumplió su palabra y no sólo compartió su oficio, también la creatividad de fabricar ellas mismas los utensilios necesarios para dar vida a bufandas, ponchos y bolsos.

Las patas de una silla fueron materia prima para este par de agujas, ósea que con ingenio todo se puede aprovechar.

Ellas, son ejemplo de que no existe pretexto para quienes quieren sentirse útiles, además por su experiencia tiene la propiedad de aconsejar a las nuevas generaciones.

Esa es la lección de una emprendedora mujer que no menosprecia ningún talento, al contrario, insta a quiénes lo tengan, a sacarle provecho.