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Durante más de 60 años trabajó como sastre en el centro de San Isidro, hoy a los 83 años de edad mantiene viva en su memoria esta profesión y todavía recuerda las filas enormes que se hacían en su local décadas atrás por la cantidad de clientes que tenía.​

Además en la casa guarda una máquina de coser que supera los cien años de antigüedad.