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Él es Humberto José Aguirre, un nicaragüense residente en Costa Rica que clamó por su país en las afueras del Teatro Nacional poco después del Traspaso de Poderes.

Con una bandera en su cabeza y otra pintada en su cara este residente pedía a quienes ingresaban al recinto para el coctel del mandatario Carlos Alvarado con los diferentes invitados que no se olvidaran de lo que ocurre en su tierra natal.

Desde el mes pasado miles y miles de personas -encabezadas por estudiantes universitarios- protestan en contra del gobierno de Daniel Ortega, quien ha reprimido las manifestaciones con violencia.

Hasta el momento se contabilizan 43 muertos, en su mayoría estudiantes universitarios, quienes murieron en manos de las fuerzas policiales y las huestes sandinistas. También falleció un periodista en la zona de Bluefields, en el Caribe, cuyo deceso quedó registrado en video.

Aguirre -quien dijo formar parte del grupo Exiliados en Costa Rica 19 de abril- lamentó lo que ocurre producto de la represión gubernamental y los decesos.

Las protestas se desataron en diversas partes del país luego de que Ortega y su esposa, vicepresidenta y mano derecha, Rosario Murillo, promulgaron una ley que modificaba el sistema de salud de su país.

Esta modificación recortaba las pensiones en un 5% y aumentaba las cuotas obreras y patronales.

Tres días después de dicha aprobación unilateral -no pasó por el Congreso-, Ortega echó marcha atrás con la reforma, no así con la represión en contra de los manifestantes.

Los empresarios, grupos de derechos humanos y la Iglesia católica deploraron el uso de la violencia por parte del Estado, reclamaron el cese del uso de la fuerza y pidieron un diálogo nacional, que al final fue convocado por Ortega, aunque no hay fecha de inicio.

Las autoridades eclesiásticas adelantaron que apoyarán el diálogo pero que debe incluir las demandas populares de más democracia; de lo contrario, abandonarán la mesa.