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Durante más de 30 años doña Maritza se ha dedicado a explotar el talento que Dios puso en sus manos, creando verdaderas obras de arte.

Una década atrás, la vida le puso una dura prueba y fue la pintura la mejor terapia para aliviar un dolor que nunca se va. En aquel momento, uno de sus hijos falleció a causa de un cáncer pulmonar.

La depresión llegó a su vida y en ese mismo momento decidió involucrarse en la Casa de la Cultura como profesora de arte.

Actualmente enseña a mujeres y a adultos mayores a expresar y crear por medio del arte.