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Preocupados pero tranquilos, sin bajar la guardia. Incluso, algunos acudieron al supermercado a comprar productos de primera necesidad ante el riesgo de que las protestas violentas que sacuden Nicaragua se extiendan más días.

Así están los costarricenses residentes en la vecina nación que Teletica.com contactó este jueves en la noche.

Se trata de connacionales con más de 20 años de residir al otro lado de Peñas Blancas y quienes relataron cómo están viviendo estos momentos aciagos, complicados y complejos para un país que salió a las calles a protestar contra una severa reforma al sistema de salud.

Entre los cambios que la población sufrirá están un aumento en el porcentaje de cotización por parte de empleados y empleadores, una rebaja en el monto que los jubilados reciben y, si no fuera poco, una disminución del 5% en sus pensiones.

A continuación estos son los testimonios de dos costarricenses, quienes aseguran temer una escalada en la violencia.

Hernán Durán. Vive en Nicaragua hace 23 años. Padre de tres hijos.

"Hemos tenido que cambiar hábitos: mi hija, que está en colegio, ha salido antes de clases; se oyen muchos morteros. Cerca de los colegios hay zozobra porque no saben si cerrarán las calles. Por eso mañana no van a clases.

"Aquí en la casa hay preocupación, por ejemplo, para saber dónde estamos todos y nos informamos rápido si hay algún incidente o conato de incidente. 

"Ya llenamos la despensa con lo básico; es la primera vez que tenemos que hacerlo. Este movimiento está siendo muy diferente a los anteriores, porque este se ha visto en muchos lugares.

"A diferencia de otras ocasiones los líderes políticos no han hablado, pero sí lo ha hecho la iglesia Católica, que pidió al gobierno un alto a la represión. El pueblo se está tirando a la calle.

"Hay cierre de canales de televisión y eso no se había dado y ha sido notorio que los canales de gobierno están al aire, pero los privados no, solo el de la familia Pellas (la más rica del país)".

German Brenes. Casi 20 años de vivir allá. Padre de dos hijos.

"Mi familia y yo llegamos en el año 1998, ya casi hace 20 años. Mi hija llegó cuando tenía tres años y medio y mi hija de dos meses.

"En ese momento se vivía una situación similar por un tema de contenido presupuestario en las universidades y por un incremento en el transporte público. 

"Era normal encontrar en los cruces a grupos de muchachos con pañuelos en su rostro y quemando llantas.

"Ahora esta situación ha escalado a un nivel que no pensábamos.

"Muchos llegamos temprano a las casas y nos quedamos acá; hay mucha gente que está acudiendo a supermercados a comprar víveres y agua; se está preparando por si el problema se convierte en algo mayor.

"Para mañana nosotros ya hicimos cambios de rutina. Trabajo para una transnacional y despachamos a los empleados horas antes del cierre de la empresa y mañana evaluaremos la situación". 

En ese país están empadronados 507 costarricenses, de los cuales 265 son hombres y 242 son mujeres.